Corre primavera

 

Carolina Orrite Muñoz, Colegio El Pilar Maristas

Yo solo corría. Con mi cuerpo desnudo y enjuto quebrándose a cada paso.
Con los ojos cerúleos entornados del dolor que me consumía el corazón y me arrebataba el alma.
Con mi florido pelo esmeralda empujado por el viento del crepúsculo, aquel que gritaba: Corre, Primavera. Y eso es lo que hacía.
No dejaba de correr sintiendo esas manos ásperas que tocaban cada centímetro de mi piel intentando atraparme. Aferrándose a mi ser y temiendo mi existencia. Corre, Primavera.
Como un pequeño cervatillo galopé por los campos floridos que se pudrían a mi espalda. Que perecían como lo estaban haciendo mis entrañas.
Tan solo sentía las gotas de ácido en mi garganta, y todas esas manos recorriendo mi cuerpo.
Y cuando ya no pude sostenerme sobre mis pies, caí sobre un manto de amapolas negras, a la sombra de los cerezos.
Viendo el cielo sombrío, las nubes tronando, gritando: Vive, Primavera.
Acariciando mi cara con sus llantos, otorgándome verde esperanza.
Pero cuando aquellas manos oscuras me alcanzaron, absorbiendo todo mi ser, mi cabello volvió gris y mi cuerpo se agazapó en espasmos sometido al frío de Invierno.
Apareció ante mí su mirada lóbrega y contemplé como las flores del cerezo se cerraban y caían, no queriendo ver a su madre morir.
(Otra vez más, el frío de Invierno quería conquistar todos los meses de año.)
 

 

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