hace casi dos años

 

Jenifer Blanco

Fue hace casi 2 años, un día de septiembre poco antes de volver a las clases. Cumplí los 16 años en julio y mi madre me prometió que me regalaría mi primer tatuaje, aunque la mayor parte de lo que costaba me lo pagué yo con el dinero que tenía guardado en mi cartilla del banco. Unos días antes de ir a hacerme el tatuaje fui a la tienda para darle al tatuador el boceto y unas ideas que se me habían ocurrido más, el lugar dónde quería hacerme el dibujo y dar una señal de 20 euros. Llegó el día para el que me habían dado la cita y yo estaba nerviosa y ansiosa a la vez, era mi primer tatuaje y no sabía qué se sentía. Al querer hacerme el dibujo en el omoplato tuve que quitarme la camiseta, pero no me dio vergüenza. Me pusieron la plantilla para ver si me gustaba y sonriendo asentí con la cabeza. Antes de comenzar a tatuarme con esa ruidosa máquina, dejaron que entrara alguien en la sala para que estuviera más tranquila. Me hizo tumbarme en la camilla boca abajo y al empezar a escuchar el estruendo de la máquina sentía cómo me ponía un poco más nerviosa y apreté la mano de mi compañera, la cual tenía agarrada a la mía. Cerré los ojos al oír que el tatuador decía que iba a comenzar y apreté los labios al sentir en mi omoplato las primeras punzadas. Sonreí y me relajé al notar que no era para tanto y sin darme cuenta me tuvieron que despertar, cuando acabó ya que por descuido me quedé dormida. Me levanté de la camilla y me miré en el espejo a la vez que el chico limpiaba la tinta sobrante y me puso papel film para que la sangre que salía de la herida no me manchase la ropa. Fue un día genial.

Ahora tengo 17 años y 3 tatuajes; próximamente, 4.
 

 

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