Operación Libertad Duradera

 

Julia López (Colegio La Salle)

El póster-artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dicta así: "Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración". Pero los Derechos Humanos siguen incumplidos, como es de todos sabido.

Hace cuatro años presenciamos, sentados ante nuestro televisor, eso sí, la Operación Libertad Duradera. Ésta, organizada por EEUU y sus valientes secuaces (Inglaterra, España...), pretendía librar al mundo de una gran amenaza: el presidente Hussein y sus armas de destrucción masiva. Sí, hablo de la Guerra de Irak. Aquél fue el nombre que le dieron los dirigentes del ejército de EE.UU.

La guerra duró escasos meses: se capturó a Hussein, y se le ajustició más tarde. Y todos vivieron felices para siempre. ¿O no? Ya han pasado cuatro años, y el cuento no ha acabado. Sabemos que Irak no posee tales armas, y sin embargo la Libertad Duradera aún no ha llegado. Todo lo contrario; a diario vemos, sentados ante nuestro televisor, el caos de ataques, hacia los invasores y entre grupos étnicos, en el que están sumidos.

La excusa que EEUU utilizó para la invasión fue la futura instauración de un régimen político que asegurara la libertad de sus ciudadanos: ¿cómo pueden justificar las atrocidades que han cometido a diario durante cuatro años de posguerra?

 

 

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