La primavera

 

Carolina Orrite, Colegio El Pilar Maristas

--¿Ya te has rendido, Primavera? --rió él-- Te creía más fuerte. Más impertérrita. No podía pronunciar palabra. Sentía su peso sobre mi cuerpo oprimiendo mis pulmones, quemándome a cada bocanada. Invierno siempre fue demasiado duro, y frío. Aún sigo reconcomiéndome el fuero interno pensando si de verdad podría llegar a amar.

--Nos volveremos a ver, invierno. Y esa vez no seré yo la que se someta a tu poder. --Deberías estar cansada de repetir siempre la misma historia, niña ingenua, porque siempre acabo ganando en este absurdo juego. Algún día te pudrirás para siempre y dejarás de molestar con toda esa belleza melindrosa que traes al mundo año tras año. Sus ojos negros me miraban fijamente, burlándose de mí, mientras arrebataban a cada palabra un trocito de mi existencia.

--Volveré --susurré. Él profirió una especie de risa.

--¿Por qué no miras a tu alrededor? Las hojas caen, como un reloj de arena que marca el ritmo de tu vida. Los animales dormitan esperando tu lejano regreso. El viento del Norte ha emprendido su camino hacía aquí. Ya es irrefrenable. Ha empezado mi reinado, hermanita.

--Todo reinado tiene su fin --pronuncié, antes de que el frío dominara mi cuerpo desnudo y gris, el viento meciéndome en su lomo y llevándome lejos, muy lejos. Con los ojos cerrados y mi cabello lánguido volando hacía el Erebo.

 

 

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