La cenicienta en un reino arruinado

 

Judith Uche, 1º ESO IES Benjamín Jarnés

Después de la gran boda, Cenicienta y su príncipe se dispusieron a irse de viaje y recorrer varios países. Mientras los novios se iban con la carroza a buscar el barco que les llevaría de viaje, empezaron grandes problemas en el reino. Mientras, la madrastra y sus hijas se instalaron en palacio y el rey intentaba poner orden pero no lo dejaban. Los ratoncitos seguían viviendo en palacio pero ahora tenían un gran problema: un gato malo y comodón tenía toda la culpa de las cosas malas que le sucedían a los ratones. Los ratones pasaban hambre porque se quedaban encerrados en su ratonera porque el gato había traído a palacio algún ayudante que los atrapaba y se los comía.

Las hermanastras no hacían más que comprarse ropas e intentaban conseguir que alguien se casara con ellas. También montaban fiestas y derrochaban dinero. La madrastra no hacía más que hacer maldades: hablaba mal de los nuevos príncipes, cerraba negocios porque no le gustaban y pedía impuestos a los campesinos. El rey en su palacio no se enteraba de lo que estaba pasando en su reino. Los pequeños ratones Gus y Jack, hartos de tanto sufrimiento, tramaron un plan para poder escapar. Lo consiguieron y lograron ver todo lo que estaba sucediendo en el pueblo. Al volver a palacio contaron al rey y a sus amigos lo que estaba sucediendo. Pero no sabían cómo resolver el problema.

Pasaron varios meses y los príncipes volvieron de su viaje. La gran sorpresa fue cuando vieron que su reino estaba destruido; de camino a palacio se encontraron con Gus y Jack, los ratoncitos les contaron todo lo que estaba pasando. Cuando llegaron a palacio, muy enfadados, sacaron a la madrastra y a sus hijas de allí. Más tarde los príncipes lograron poner orden en el reino y todos fueron felices.

 

 

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