Esta es mi historia

 

Beatriz Falcón, 2º Bachillerato IES Juan de Lanuza (Borja)

Un corazón sencillo, así era el mío antes de conocerte, antes de hacer todo lo que hicimos, antes de que me volvieras loca con tus besos, tus abrazos, tus "mañana te espero donde siempre"; así era yo, sencilla como la vida misma. Simplemente quería ser una persona normal con sus defectos y sus virtudes, pero tú me convertiste en "eso" que no se sabe qué es; no me gusta ir detrás de nadie como las niñas de 10 años, ni tampoco querer quedar siempre a todas horas. Odio tener que contestar a las perdidas que me haces al móvil, porque, la verdad, resulta patético. Esa era mi opinión sobre todo lo que pensaba, pero esa era la opinión de hace dos o tal vez tres meses, porque, tú lo ves una tontería desde fuera; tú piensas: "¿Y a mí qué me importa?". La verdad, no pretendo ser egoísta, pero mi vida es mía; no es mía y de 20 personas más. Ahora veo la vida desde otra perspectiva, desde otro punto de vista, no entiendo qué me pasa, yo nunca he sido así, y sí, tal vez nadie me crea o tal vez alguien sí, pero esto nunca me había pasado y la gente puede decir de mi lo que quiera, pueden insultarme, criticarme y lo que les apetezca, pero yo ahora, así como estoy, estoy de maravilla. Porque ahora soy yo la que no puede dejar de hablar de él, esa persona tan importante para mí, ahora soy yo la que dice que hemos estado hablando 50 minutos o hemos quedado, son cosas simples, pero que día a día a mí me hacen feliz.

Me levanto, y pienso: "Qué bien, ya queda menos para el viernes"; sí, como lo harán todos los adolescentes de hoy en día, pero ninguno con el mismo fin, a mí me encantan los viernes, pero, al igual que los viernes, me encantan los sábados y no sólo por la típica fiesta de por la noche, sino porque puedo estar con él, tras haber pasado cinco días sin vernos; al final llega el momento, sientes ese cosquilleo en la tripa y llega, lo ves, te montas en su coche y le das un beso y él te hace la típica pregunta: "¿Bueno, adónde vamos?" Tú, sinceramente, no sabes qué contestar, porque, en verdad, te da igual ir al Polo Norte o al Ecuador, con tal de estar con él; entonces te repite la pregunta y le dices el primer lugar que se te pasa por la cabeza.

La verdad, no entiendo nada, no entiendo por qué ahora, al nombrar todas estas sensaciones se me dibuja una sonrisa en la cara, la verdad es que me gusta, me gusta que me pase todo esto; me gusta poder contarte estas cosas, porque sé que todo esto luego lo leerás y si no es luego, será mañana y si no dentro de cuatro meses, pero estoy segura de que lo leerás. Y pensarás que es casi imposible que me pase todo esto, y yo te digo que sí, no es casi imposible, es imposible, porque nada es igualable a todo lo que me pasa. Piensa lo que quieras, haz lo que quieras, eres libre, pero solo añadiré una cosa más y con esto ya acabo esta carta: "Si tú me dices ven, lo dejo todo, pero dímelo".

 

 

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