Alzheimer

 

Julia Bayona Tabuenca, 1º Bachillerato IES Juan de Lanuza (Borja)

Una extraña señorita me está preguntando por mi nombre. Aunque creo que ya sabe la respuesta, porque yo no tengo nombre. No tengo ni nombre ni edad. Así que para qué explicar nada, lo mejor siempre es mantener la boca cerrada, y aún es más conveniente si no eres capaz de pronunciar ninguno de esos raros sonidos con los que los humanos se comunican. Simplemente es que yo no soy como ellos, no soy humana.

Otro joven que se encuentra en la sala no para de repetirme que si quiero ver la televisión, y yo no paro de preguntarme qué será eso de "la televisión". Y como no sé la respuesta, no respondo. Es muy fácil. No entiendo por qué todas las personas que se encuentran a mi alrededor, desconocidas totalmente para mí, me interrogan constantemente. Creo que no entienden que yo soy diferente, que soy especial, que no tengo ni nombre ni edad. Y la verdad es que preferiría que me dejaran en calma, con mis pensamientos.

Tampoco tengo casa, porque soy diferente, simplemente ahora estoy viviendo estos instantes en esta cómoda cama.

Una mujer con bata blanca me está ofreciendo un vaso con una sustancia transparente dentro, pero he decidido que será mejor rechazar la oferta, cualquiera sabe si quieren envenenarme, al fin y al cabo son desconocidos.

Tengo un pequeño tubo introducido en mi vena, pero no me produce dolor, así que será mejor no intentar quitármelo. Me pregunto si el hecho de no mover ninguna parte de mi cuerpo será por vagancia, por comodidad o simplemente porque no es ninguna necesidad. Pero creo que se me ha olvidado cuál es el mecanismo que hay que accionar para que las partes de mi cuerpo comiencen a moverse. Así que será mejor descansar por un rato y después planteármelo.

Siento frío, mucho frío. Deseo profundamente una manta con la que arroparme, pero como soy diferente no me puedo comunicar con los humanos, algo que en estos instantes agradecería profundamente. Cada vez tengo más frío, estoy empezando a tiritar. Se me escapa una lágrima. Se han dado cuenta y todos dirigen sus miradas hacia mí. Es muy incómodo. Me gustaría poder decirles que dejasen de mirarme. Y lo peor es que no se han dado cuenta de que lo que me pasa es que tengo frío.

Se abre la puerta y entra otro joven. Pregunta por alguien, al parecer por mí, porque también me mira. Después se acerca y me llama mamá. No puedo evitar que se me escape otra lágrima, también por el frío. Y al verme él llora también. No entiendo nada. ¿Quién es este desconocido? y, ¿por qué llora?, ¿también tiene frío?

 

 

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