Salto supersónico

 

El paracaidista austriaco Felix Baumgartner se convierte en el primer hombre que supera la velocidad del sonido en caída libre

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

¿Qué puede sucederle a un hombre que cae a la Tierra a mayor velocidad que la del sonido? ¿Puede un traje espacial proporcionarle protección suficiente? ¿Si utiliza un paracaídas, funcionará? Aviadores y astronautas buscan siempre superar los límites de sus exploraciones, y el día en el que todo el mundo podrá convertirse en turista espacial está más cerca en el horizonte gracias al experimento realizado por el paracaidista austriaco Felix Baumgartner.

Felix se convirtió el pasado domingo, 14 de octubre, en el primer ser humano en romper la barrera del sonido con un salto en caída libre desde una altura de 39.045 metros. Su hazaña proporciona una información muy valiosa para el futuro de la exploración espacial y además contribuye a superar los límites que han existido en el mundo durante los últimos 50 años.

El viaje completo de Felix duró poco más de 9 minutos, 5 de ellos en caída libre, desde que saltó de la cápsula suspendido de un globo de helio hasta que desplegó su paracaidas y tocó finalmente tierra. El deportista alcanzó en su descenso una velocidad de 1.227,6 kilómetros por hora y rompió la famosa barrera del sonido.

Romper la barrera del sonido significa alcanzar y superar la velocidad de las ondas que el sonido produce en el aire. La temperatura afecta a la velocidad del sonido, y cuando el aire es más frío, el sonido viaja más despacio. A una altura de más de 30 kilómetros sobre el nivel del mar, Felix Baumgartner necesitaba acelerar hasta los 430 kilómetros por hora para alcanzar la velocidad del sonido y continuar acelerando para superarla y convertirse en supersónico.

La barrera del sonido no es una barrera como tal, sino un cálculo de velocidad. El concepto surgió a mediados del siglo XX cuando los primeros aviones de alta velocidad experimentaban mucha inestabilidad o incluso se rompían si se acercaban a la velocidad del sonido. Hoy en día se sabe que esa inestabilidad se produce por las ondas de choque que se crean en la 'zona transónica' --el rango de velocidad próximas a la velocidad del sonido--. Afortunadamente, el impacto de las ondas de choque es menos severo en altitudes más altas porque el aire es menos denso, y una vez que un objeto atraviesa la imaginaria barrera del sonido el vuelo se hace mucho más suave.

Aunque lograr esta hazaña no es cosa fácil. Felix lleva años entrenado intensamente para esta posible inestabilidad. Por un lado ha realizado saltos a distintas altitudes, y por otro ha coreografiado su salida de la cápsula hasta alcanzar la posición del salto. El paracaidista austriaco ya ha logrado además varios récord mundiales de salto base. Otro elemento importante ha sido el equipamiento. Felix vestía un innovador traje despresurizado y un casco provisto de oxígeno, así como protección y un paracaídas especial para estabilizarlo en caso de que fuera necesario.

Finalmente, Felix saltó a una distancia de 39.045 metros desde un globo de helio la mañana del domingo 14 de octubre, exactamente 65 años después de que Chuck Yeager se convirtiera en el primer hombre en romper la barrera del sonido en un avión experimental. Felix ha roto otros dos récord del mundo: la caída libre y el viaje en globo más altos de la historia, superando el salto que Joe Kittinger logró en el año 1960 a 31.333 metros de altura, cuando nadie sabía si un humano podría sobrevivir a un salto desde el borde del espacio.

En aquel entonces el propósito de la misión no era batir un récord sino investigar los efectos físicos del salto. Los datos de los científicos se compartieron con personal investigador de los Estados Unidos para el desarrollo de su programa espacial.

A día de hoy, Felix y su equipo, patrocinado por una famosa marca de bebidas energéticas, han logrado poner en práctica todo lo aprendido en el salto de Joe Kittinger hace ahora más de 50 años y, aunque no fuera su propósito, también han contribuido a hacer avanzar la ciencia. Su salto proporciona información que hará llegar más lejos los sistemas de seguridad espacial. Entre los beneficios para la comunidad científica, figura la ayuda para el desarrollo de una nueva generación de trajes espaciales con mejor movilidad y visibilidad, así como de nuevos sistemas para realizar paseos espaciales, ya sea para astronautas o para los futuros turistas del espacio.

Además, también ha permitido establecer protocolos médicos ante la exposición de los seres humanos a altitudes y velocidades muy altas, y conocer mejor los efectos que la aceleración y la desaceleración supersónica (más allá de la velocidad del sonido) tiene en el cuerpo humano. Los amantes del paracaidismo, como Felix Baumgartner, también podrán contar con paracaídas cada vez más modernos.

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