Las dos caras de la moneda

 

Noemí Sanmartín Berges, 3º ESO IES Juan de Lanuza

Hoy, al levantarme, he visto cómo las nubes eran de color gris y el cielo estaba triste, pero eso no quiere decir que yo también lo esté. Hoy es uno de mis mejores días, porque mi hermana, a la que hacía años que no veía, me ha venido a ver portando consigo un anillo pequeño, pero de gran valor sentimental. Aquel anillo era de nuestra madre, la que no nos cuida desde que falleció y la que, desde lo más alto, nos hace sentirnos bien. La fiebre y el enfriamiento que padezco hoy me han dejado un poco de bajón. Es increíble que un detalle tan diminuto, en un día tan gris, pueda hacer que te sientas bien y empieces el día con las pilas cargadas, haciendo de un día triste y nublado, uno brillante, y quizás de los mejores de mi vida.

Ha pasado algún tiempo...

Añoraba un día como el de hoy, brillante, caluroso y con el sonido de los niños jugueteando por el parque, que se escucha sin cesar; yo, en cambio, estoy triste. Sigo sin ver a mi hermana desde estos años atrás. Hoy es 7 de octubre y hace nueve meses que me prometió traerme el pequeño y discreto anillo de mi madre que, la verdad, no tiene mayor importancia. ¡Lo espero con tantas ansias! Desilusionada, me voy a la cama, cansada de que el anillo no llegue, y de que mi hermana no venga a verme. Este espléndido día, que podía haber sido aún mejor, se ha convertido en un día espantoso.

 

 

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