Cuento de terror

 

Daniel Crestelo Vieitez, 3º ESO IES Ítaca

Las gélidas calles de Ourense, en Galicia, comenzaron a llenarse de niños disfrazados. Por fin había llegado la noche de Halloween.

Laura, Mateo, Carol y Josué esperaban impacientes a que esa noche llegase. Lo tenían todo preparado. Nada de pedir caramelos ni ir diciendo "truco o trato". Su idea era visitar la vieja mansión abandonada de Las Fuentes do Burgo.

Todo comenzó a mediados de octubre. Laura le dijo a su madre que no tenía nada pensado para hacer en Halloween a lo que su madre contestó:
--Haced lo que queráis, menos ir a la vieja mansión de Las Fuentes do Burgo.

A Laura y a sus amigos les encantaban los retos y las aventuras. Y visitar esa mansión en la noche de Halloween iba a ser un gran reto.

Cuando sonaron a las diez las campanas de la iglesia, Laura salió de su casa engañando a su madre y diciéndole que iba a por caramelos. Laura llevaba un vestido de bruja bastante original.

Se reunió con sus amigos en la puerta de la iglesia, y al parecer, todos habían inventado la misma excusa que ella. Mateo iba disfrazado de vampiro, Carolina, de bruja al igual que Laura, y Josué, de momia.
--¿Ya estamos listos? --preguntó Mateo.

Laura, Carol y Josué asintieron, y los cuatro continuaron hacia las Fuentes do Burgo.

Según la leyenda, en el año 1867, una familia inglesa compró aquella mansión. Sin embargo, unos gamberros prendieron fuego a la casa dejándola chamuscada. La familia murió en aquel acto excepto un pequeño niño de 10 años. Cuenta la leyenda, que la noche de Halloween, ese niño pasea por los pasillos de la mansión y quien le miré directamente a los ojos, perderá su alma para siempre.

Los cuatro llegaron a las fuentes y se metieron por un estrecho callejón. Sacaron las bolsas con la que supuestamente recolectarían caramelos pero en lugar de eso la bolsa estaba llena de linternas, comida y alguna que otra cosa.

Los cuatro siguieron caminando y fue Carol la que gritó cuando vio a un gato negro correr como si el más feroz de los perros le estuviese persiguiendo.

Se encontraban a unos metros de la mansión y fue Josué, el que se acercó a la puerta. De repente y ante la sorpresa de todos, la puerta comenzó a abrirse lentamente provocando un agudo chirrido que rompió dos cristales de las ventanas.

--¡Vámonos! --gritó Laura.
--¿Estás loca? La aventura acaba de comenzar--respondió Mateo.

Cuando los cuatro entraron, la puerta se cerró antes sus narices, y la luz de la vivienda se encendió. Laura pegó un chillido de terror. Siguieron caminando unos metros cuando de repente un sonido surgió de la nada.

--No deberíais de haber venido...

Los cuatro vieron una pequeña sombra, de unos 130 centímetros. La sombra despareció y de repente, una música comenzó a sonar. Laura y Carol comenzaron a sollozar. Mateo estaba preocupado pero Josué ni se inmutó.

De repente un fantasma surgió de una habitación y lo que parecía ser un zombi, salió de la otra.

--¡Corred!--gritó Mateo.

Los cuatro subieron una larga escalera de caracol y llegaron hasta las habitaciones. Los cuatro cogieron unas sillas y comenzaron a lanzárselas al zombi y al fantasma. Pero de repente surgieron cuatro brujas, un hombre lobo, y un vampiro. Todos tenían la misma intención... ¡Atraparles!

La voz de antes volvió a sonar.

--¡No tenéis escapatoria!

De repente a Mateo, se le ocurrió una idea.

--¡Rápido! ¡Coged las linternas y apuntarles a la cara!

Los tres obedecieron y se hicieron paso entre los monstruos. Llegaron hasta la cocina y cerraron la puerta.

--¡A salvo!--dijo Laura.

Sin embargo, los monstruos aparecieron por la otra puerta. Y el niño, que tenía una cara pálida, encabezó la manada.

De repente, las luces de la cocina se encendieron y los monstruos se quitaron sus disfraces.

Allí presentes se hallaban los padres de cada uno de los cuatro amigos.

--¡Picasteis!--gritó la madre de Carol.
--Pero... pero... ¿qué es esto? --preguntó Mateo.
--Todo ha sido una broma. Todo estaba planeado-- dijo el padre de Mateo.
--Así es. Cuando entrasteis en la mansión yo abrí la puerta-- dijo la madre de Laura.
--Y yo la cerré desde el exterior. Estaba escondido-- dijo el padre de Josué.
--Yo tiré los cristales cuando os abrieron la puerta-- dijo la madre de Mateo
--Yo ya te dije que no fueses y ya sabía que ibais a venir. Por eso nos disfrazamos, para asustaros. Absolutamente todo estaba planeado. En esta mansión no ocurre nada malo-- dijo la madre de Laura.
--¿Y este niño quien es?-- preguntó Laura.
--Pues quién voy a ser, boba. Tu hermano-- dijo el pequeño Martín.

Todos soltaron unas ligeras carcajadas que resonaron en el interior de la mansión. Cuando se dispusieron a salir, el viento recorrió las caras de los niños y de los bromistas. De repente un cristal cayó desde la ventana.

--Solo ha sido el viento...

Cuando doblaron la esquina, Josué cogió una piedra que le había llamado la atención. En ella, había una fecha inscrita: 31 de octubre del 1867.

De repente, una luz iluminó la cara de Josué. Una de las habitaciones estaba encendida. Y cuando el reloj dio las doce, el rostro de un niño apareció en la ventana. Josué salió corriendo, igual que el gato negro que vieron antes correr. La luz de la ventana se apagó y una ruidosa carcajada resonó en el aire gélido de las frías calles de Ourense.

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón