El suceso de las almas perdidas de la estación 184

 

María Carrasco Nacarino, 3º ESO IES Ítaca (Zaragoza)

Hoy es noche de Halloween, y como todos los años, Alison y su hermana Susan van a casa de su abuelo. Peter, el abuelo de Alison y Susan, es conocido en todo el pueblo como "El Hombre De Las Historias". A sus 87 años sigue relatando historias prácticamente cada día, aunque claro, su noche favorita para hacer lo que mejor sabe, es Halloween.

Una vez que sus nietas hubieron tomado asiento junto a algunos amigos que habían invitado, Peter comenzó a hablar.

--Bien, queridos, esta noche voy a contar la historia más tenebrosa que jamás se haya podido relatar. Una historia que llevo guardándome durante años hasta el día en el que fueseis suficientemente mayores como para poder escucharla, y ese día, es hoy.

Tomó aire, miró a los chicos y prosiguió:

--Cuenta la leyenda que hace 135 años ocurrió, la llamada por los habitantes de aquella época, 'El suceso de las almas perdidas de la estación 184'. Pues bien, hace más de 100 años, por las calles de este pueblo se encontraba la estación de trenes '222', una de las más transitadas de esos tiempos.

Jóvenes iban a estudiar a las universidades de las ciudades más cercanas; trabajadores se dirigían a sus puestos de trabajo; viajeros emprendían excursiones a destinos que ni siquiera ellos conocían; y Katy, una joven hermosa de unos 25 años, cogía el tren en busca de historias que poder escribir en las páginas de su diario.

Peter continuó.

--La hermosa Katy se dispuso a coger el tren de las doce la noche de ese 31 de octubre, cuando un varón de unos 30 años, alto y apuesto, le ayudó a subirse. Su nombre era Frank. Katy y Frank estuvieron hablando durante horas mientras la gente, cansados de sus largas jornadas de trabajo, bajaban en sus estaciones correspondientes. Así pues, llegada la última parada, el revisor les obligó a bajarse del tren. Ambos se bajaron de aquel monstruo de hierro sin saber si quiera donde estaban; tan solo había un cartel en el que se veía escrito 'Estación 184'.

Se dirigieron a la salida pero la puerta se encontraba cerrada. No había nadie, tan solo el silencio, el eco de sus voces y sus respiraciones fuertes a causa del miedo que sentían. De repente oyeron unas pisadas acercándose a ellos, pero no había nadie. A continuación vieron una sombra, pero no existía persona que le diese forma. Después de eso una voz grave se dirigió a ellos diciendo:

-¿Quién osa venir a mi hogar?-.

Pero no había ser de quien saliese esa voz tenebrosa. Peter tomó aire de nuevo y prosiguió:

--Katy y Frank se abrazaron temiendo lo peor, pensando en que jamás saldrían de aquel lugar con vida. Un fuerte viento desplazó a Katy de los brazos de Frank golpeándose con la espalda en la pared y dejándola en el suelo retorciéndose de dolor. Cuando Frank intentó ir a socorrerla, otra fuerte oleada de viento le empujó hacia las vías en el preciso instante en el que un tren se aproximaba a él. Antes de que la gran máquina le pasase por encima, Frank vio que no había nadie en su interior, que el tren no llevaba conductor. El joven se despidió de Katy, así como de la vida con un simple y suave "Adiós".

Katy comenzó a llorar, no tenía consuelo, las lágrimas no cesaban de caer por sus sonrojadas mejillas que ahora estaban más apagadas que nunca.

De nuevo la voz volvió a hablar, ahora con un tono más suave pero igualmente sádico y acabando con una risa maligna que rebotaba por todas las paredes de la estación:

--No llores, pequeña. Pronto te reunirás con él.

La hermosa joven comenzó a gritar con la esperanza de que alguien la oyese, su intento fue en vano. Katy se sentó, se agarró por las rodillas y esperó. Sintió cómo lentamente le faltaba el aire, tal y como si alguien estuviese ahogándola, pero no había nadie, no sentía manos alrededor de su cuello, no sentía nada. De sus ojos se deslizó la última lágrima de vida que le quedaba.

Semanas más tarde la estación 184 cerró sus puertas, jamás nadie volvió a entrar aunque a veces, algunos dicen que si te acercas, aún se pueden oír los gritos del suceso de las almas perdidas de la estación 184--. Concluyó Peter.

 

 

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