Gallina con ciruelas

 

Inés Bernal Tejada, 1º ESO Colegio Romareda

En el pueblo de Niní hacía un frío horroroso, el aire parecía querer arrancar las tejas de las sencillas casitas de sus habitantes. La madre de Niní, mantenía el hogar encendido con unos buenos troncos que calentaban la pequeña casita donde vivían. Había cocinado una gallina con ciruelas, la comida prefería de su padre y cuando su madre daba vueltas al guiso, un olorcito dulce y muy agradable se extendía por la habitación.

Hacía días que su padre debería haber vuelto del trabajo y no tenían noticias de él. Era Nochebuena y seguían esperando a su padre, pescador de profesión, que por esa fecha debía volver después de varias semanas en alta mar.

La madre de Niní cada diez o quince minutos, hacía el mismo recorrido: inspección del guiso, paseo hacia la ventana (donde se quedaba mirando el camino durante un momento) y después, despacito, se dirigía hacia un cuadro de la Virgen María que tenían colgado en la pared y se quedaba allí mirándola sin decir nada en alto pero asintiendo con la cabeza, como si la Virgen le dijera que tuviera paciencia y fe.

Niní la observaba desde su sillita, al lado del hogar. Por fin, se decidió a preguntarle a su madre cómo sería la muñeca que le había prometido su padre que le traería. Su madre, llena de ternura, acercó a la niñita hacia ella y le contó con muchísimo cariño que su padre le traería la muñeca más bonita que hubiera podido encontrar, seguro.

La niña pensó que si se acercaba a la ventana, a lo mejor su padre volvía antes y con la nariz pegada al cristal, observaba el exterior oscuro y frío y rogaba a la Virgen que devolviera a su papá a cas en esa noche tan especial.

En ese momento se oyó cómo llamaban a la puerta débilmente y corrieron las dos a abrir con la seguridad de que sería él. ¡Sí! Allí estaba, por fin, con la ropa empapada y helado de frío tan cansado, que se sentó cerca del calor del hogar antes de comenzar a relatar sus aventuras.

La madre de Niní le trajo ropa seca y él cerca del fuego, fue entrando en calor. Cuando se sintió mejor, les contó que el barco en el que faenaba, atravesó una gran tormenta y se hundió. Todos los compañeros de su padre se salvaron, pero se perdió la muñequita que con tanta ilusión esperaba Niní.

Niní saltó a los brazos de su padre y le dijo: -- No te preocupes papá, te prefiero a ti. Su padre la abrazó cariñosamente y la niña pensó que ése era su mejor regalo de Navidad.

 

 

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