Fabricado para caducar

 

Baterías que dejan de funcionar a dos años, bombillas que se funden a las mil horas o impresoras que se bloquean cuando alcanzan un número determinado de copias son algunos ejemplos de obsolescencia programada, el motor secreto de la sociedad de consumo

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Que las cosas ya no duran como antes no es solo un lamento de los mayores, es una realidad. Baterías que dejan de funcionar a los dos años, bombillas que se funden a las mil horas o impresoras que se bloquean al alcanzar un número determinado de copias, son ejemplos de la obsolescencia programada, el motor secreto de la sociedad de consumo desde los años 20, cuando los fabricantes empezaron a acortar la vida de los productos para aumentar sus ventas.

Hoy en día la obsolescencia programada es una práctica habitual de la grandes empresas y afecta a cualquier tipo de artículo, desde un frigorífico o un coche, hasta un mechero o una prenda de ropa, pasando por todos los productos de alta tecnología. La razón es muy sencilla: cuanto más corta sea la vida de un producto, más necesidad habrá de renovarlo.

El presidente de la Unión de Consumidores de Aragón (UCA), José Ángel Oliván, indica que, con la obsolescencia programada, "los productos se fabrican con una vida menor de la que podrían tener con los conocimientos y las técnicas que ya existen". Hay distintas formas de producirla. La más común es introducir fallos en el diseño o usar materiales inadecuados durante la creación del producto. "Incluso en casos en los que la mecánica hace difícil establecer la obsolescencia programada, esta se programa vía software o mediante un chip", dice Oliván.

Pero la obsolescencia programada utiliza también mecanismos más sutiles e indirectos. Según el presidente de la UCA, "no cambiamos de ropa o de móvil porque el anterior haya dejado de funcionar, sino que lo hacemos porque surge una moda nueva". Además de acortar la vida del producto, la obsolescencia programada implica inculcar en el comprador el deseo de poseer algo más nuevo, un poco mejor y antes de lo que es necesario.

Impacto en el medio ambiente

Si se mira desde el punto de vista de la economía y la creación de empleo, la obsolescencia programada es una buena idea. Pero los recursos naturales de nuestro planeta son limitados y gestionar la basura generada --7.000 millones de toneladas al día-- es cada vez más difícil. A los problemas ambientales que eso genera (contaminación) se suman también los sociales. "Se sospecha que muchos de los residuos, principalmente electrónicos, que generamos en los países industrializados, van a parar a países en vías de desarrollo", explica Mónica Vidal, de la organización ecologista aragonesa Ecodes.

Móviles, ordenadores o portátiles estropeados terminan en países del Tercer Mundo que, "en muchos casos, no tienen un buen sistema de gestión de residuos ni para la basura que ellos mismos generan". Vidal añade que "en el caso de los aparatos electrónicos, mucho más difíciles de reciclar, la gestión es totalmente inexistente y por tanto se acaban acumulando sin más".

La única solución es que el consumidor asuma el protagonismo de sus compras. Para Mónica Vidal, una posibilidad es que el consumidor exija que los productos sean ecodiseñados, "que se haya tenido en cuenta que ese producto, a lo largo de su vida útil, va a impactar lo menos posible en el medio ambiente". José Ángel Oliván cree que el consumidor debería tener toda la información del artículo, "para optar por una opción más ecológica o por otra más económica según el caso".

 

 

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