Ni se llama Riquel ni Rigel, se llama río Riguel

 

Virginia Dueso Aznárez, Sádaba

Esa mañana no se oían los cantos de los pájaros, no pasaban coches, mi casa estaba muy oscura, no había vecinas comprando el pan. Todo era muy extraño, así que me decidí a abrir las ventanas para que entrara algo de luz. Hacía mucho frío y una nube muy grisácea tapaba cualquier rendija por la quisiera pasar el sol.

Al abrir la puerta de la terraza, vi la torre de la iglesia rodeada de niebla que apenas dejaba a la vista, las palomas que se solían posar sobre su estructura. Un continuo ruido muy fuerte se apoderaba de la típica tranquilidad madrugadora de este pueblo cincovillés. No podía ser otra cosa: el río Riguel.

Supuse que las lluvias habrían aumentado su caudal. Me vestí, cogí mi cámara de fotos y puse rumbo a la rambla. Cuanto más me acercaba, más aumentaba el volumen del ruido. Me estaba empezando a asustar. Ya iba por la carretera, cuando vi cuatro coches parados, y mucho movimiento de personas. No dejaban pasar al otro lado del río. Pero... ¿tan mal estaba la situación? Pensé en que el Riguel mide de normal 20 cm de altura y que las lluvias podían haber elevado el caudal, pero no creía necesario ver tantos bomberos pendientes de un río con estas características. Obviamente no sabía lo que se nos venía encima.

Me junté a un grupo de gente que estaba hablando de la crecida del río, y espere allí. Al rato vino un bombero y nos obligó a alejarnos. Nos dijo que venía una avalancha con mucha fuerza y que allí estábamos en peligro. Sí que es verdad que el agua estaba llegando con mucha fuerza, pero lo que nos decían, era muy difícil de imaginar.

Pasados cinco minutos, el agua había subido a la altura del parque, y poco a poco, subía más y más.

En breves empezaron a llegar a los móviles, vídeos de los que viven en la rambla. El parque, ya no parecía un parque. Tan solo se veían las copas de los árboles y la parte superior de la zona de juegos. La pasarela hacía función de presa, y algún que otro caballo luchaba por su vida, en medio del caudal, desorientado y nervioso.

Nos informaron de que "el puentico" estaba totalmente destrozado. Se lo había llevado la corriente junto con la caseta de control. Minutos después llegó la "esperada avalancha" con tanta fuerza que saltó el puente principal y parte del agua que llevaba, fue deslizándose paseo abajo. En este momento, el río había alcanzado los seis metros de altura y las partes bajas de las casas cercanas a la orilla albergaban ya, el metro y medio de agua. De allí a dos minutos, vimos caer el muro del comedor del colegio, llenando de lodo, todas las clases de la planta baja y haciendo de su recreo, un auténtico mar.

El río arrasó huertos, casetas, árboles, vehículos, contenedores... El miedo y la frustración de ver cómo el agua no entiende de negocios que han costado mantener una vida entera, ni del lugar donde tras generaciones, los niños han aprendido el significado de la ayuda a los demás, caracterizaban el ambiente.

Media hora después, ya no parecía Sádaba el pueblo donde los pájaros no habían cantado esa mañana. Todo estaba lleno de barro, ramas de árboles y suciedad. Nadie había visto nada igual.

Pasadas unas horas, los móviles no habían parado de sonar, la luz estaba cortada en todo el pueblo, y los coches de los que viven en otros lugares, no pararon de llegar en toda la tarde. Las botas de agua se agotaron en las tiendas, y todos rescataron aquello que aprendieron en el colegio, aquello que decía: "Ayuda a los demás y todo será más fácil".

Todo estaba lleno de periodistas, pero era muy difícil explicar lo que había ocurrido. ¿Cómo un río al que todos hemos saltado de pequeños, puede llegar a destrozarlo todo?

Pasados los días, se ha organizado la asociación #TodosConSádaba que pretende conseguir el máximo dinero posible para arreglar todos los daños. Y como prueba de ello, el 1 de diciembre ya empiezan con buen pie, invitando a todo el que quiera disfrutar de una gran noche, a varios conciertos de artistas, a los que esta historia "les ha llegado" y han querido colaborar con este gran pueblo y su río, que todos saben que:

--"Ni se llama Riquel ni Rigel, se llama río Riguel".

 

 

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