A la aventura

 

Sofía Ruíz Mora (La Salle Montemolín)

"A la aventura". Son las palabras que le dije a mi madre antes de irme: "Me voy a la aventura". Soy escritor, de poca monta, añadirían algunos. Mis profesores siempre me decían que yo era correcto, nunca tenía faltas, redactaba perfectamente, pero siempre me faltaba algo, ese nosequé que hacía especial un texto o un escrito.

Escribí un libro que se publicó y editó sin pena ni gloria. Nómbrame a cualquier lector y dudo que me conozcan porque no impacto, no tenía ese algo. Tras muchas tardes lluviosas en mi despacho y muchos cafés, decidí que la inspiración no vendría, que mis musas, si alguna vez habían existido, ya no estaban allí. Después de lamentarme, decidí empezar mi viaje, iría a buscarlas.

Decidí empezar mi viaje, lanzarme a la aventura y a la búsqueda de mi inspiración. Durante meses recorrí España. No encontré a mis musas. Desesperado, elegí mi último destino, mi última ciudad antes de retirarme y volver a mi antigua vida. Cogí un autobús y me fui a Zaragoza.

Paseando por las calles, llegué hasta aquella plaza, que parecía el núcleo de la ciudad. Siguiendo un impulso saqué mi cuaderno y me puse a escribir: "Y en el centro de la plaza, la basílica del Pilar, que recibe su nombre por una leyenda siglos atrás acontecida, pero que está tan viva como el primer día. Las torres se difuminan con la niebla de esta mañana. Majestuosa, a la orilla del río, cuyo reflejo no es menos bello.

Ya sin sentido, susurros devotos llegan hasta mí, elogiando la grandeza de todo lo que lo rodea y rogando y agradeciendo todo aquello que ha inundado sus vidas. Salves y suplicas se cruzan, dispersos en el aire. Andamios rompiendo su inmortalidad, arreglando aquellos desperfectos que el mismo hombre ha producido y que el tiempo ha agravado. Muchos años de penas y glorias han pasado por ella. Las grietas de su fachada testimonian todo lo que ha sufrido, todas las penas y alegrías que ha contemplado. El lugar de refugio, al que todo el mundo puede acudir cuando hay una duda o un abismo en su vida, como aquella roca a la que aferrarse. Aquel lugar al que también huyeron mis musas".

Cerré mi cuaderno y sonreí, había cumplido mi sueño. No con unas pinturas, óleos o acuarelas, sino con las palabras que hace tiempo me habían abandonado.

 

 

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