Relato de terror

 

Sergio Álvarez Peiro, 3º ESO IES Ítaca

Un chico de 23 años se dirigía por la carretera en coche a su nuevo hogar. Alberto, que así se llamaba, se estaba mudando de casa de sus padres. La casa se encontraba en un barrio alejado del centro de la ciudad, era de noche y llovía.

Estaba muy cansado, acababa de llegar al barrio donde se encontraba el bloque de pisos donde estaba su apartamento.

Cuando bajó del coche, miró a su alrededor, no había nadie, aquella zona de la ciudad donde nunca había estado se encontraba desierta por la noche.

Cuando estaba dirigiéndose hacia su apartamento, un gato maulló de forma estridente y alarmó a Alberto.

--Qué ganas tengo de llegar ya...-- pensó.

Cuando encontró aquel edificio, se encontró con lo que había visto en las fotos que le habían enseñado antes de comprar la casa. Pero era de noche, y el edificio tenía un aspecto siniestro y silencioso.

Sin pensar en más cosas, Alberto entró al edificio con dificultades para abrir y cogió el ascensor. Cuando las puertas metálicas del ascensor se abrieron, Alberto vio salir de él a un hombre anciano de aspecto serio.

--Buenas noches-- saludó cordialmente Alberto.

--¿Aquí? Buena suerte, muchacho-- le respondió el hombre.

Alberto continuó su camino, estaba demasiado cansado como para hacer caso a un anciano que había visto en mitad de la noche. Cuando llegó al primer piso, recordó que aquel era su único vecino. Cuando le contaron que el piso estaba vacío, en ese momento no le había dado importancia.

Al llegar a su puerta tenía la sensación de estar pisando papeles, pero no se fijó, se metió en su piso y durmió intranquilamente.

A la mañana siguiente Alberto se despertó y salió de casa, pero al cruzar su puerta vio algo que le dejó horrorizado. Las sucias paredes del edificio estaban manchadas con sangre, formando letras que él no comprendía. Asombrado, vio varios trozos de periódicos rotos antiguos en el suelo, donde solo pudo leer 'Trágicos sucesos' en un titular. Desconcertado, llamó al vendedor. Pero cuando lo cogió no le dio tiempo, y una voz entre muchas que se oían de fondo contestó:

--¿Sí? ¿Alberto? Espero que esté todo bien. Ahora no puedo hablar, estoy en una reunión, luego hablamos, espero que en el piso esté todo bie...

Pero antes de que pudiese acabar la frase ya había colgado. Intentó salir de allí lo más rápido posible, con la idea de buscar otro piso. Salió muy rápido bajando por las escaleras, pero en la puerta del edificio le esperaba otra cosa.

Un cadáver, el señor anciano que se había encontrado ayer por la noche estaba allí, tumbado, con el rostro frío y pálido. Estaba boca arriba, con los ojos cerrados. Intentó pedir ayuda pero en la calle no había nadie, cogió su móvil pero vio que no tenía cobertura. Desesperado por encontrar a alguien, corrió por las calles pero estaban desiertas.

Cuando encontró un callejón, oyó unos gritos y fue al encuentro de alguien, pero se encontró con un callejón vacío, excepto por un anciano al que conocía, de pie, entre dos calles manchadas de sangre.

Nadie supo nada más de Alberto. Cuando fueron a buscarlo al nuevo lugar donde se había mudado, los vecinos de aquel edificio se extrañaron bastante y dijeron que nunca habían visto a ninguna persona parecida por allí.
 

 

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