Escándalo a la Boloñesa

 

La Unión Europea detecta trazas de carne de caballo en hamburguesas y lasañas sin que figure en el etiquetado

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Un cliente de un supermercado incluye en su carro de la compra hamburguesas, lasañas congeladas y raviolis de carne en un intento de comer más barato y ahorrar algo de dinero. Confiado por la etiqueta, compra lo que cree que es ternera y al tiempo descubre que en verdad se trata de carne de caballo. Como en el dicho popular, al consumidor le han dado gato por liebre. Eso es precisamente lo que ha sucedido en el reciente escándalo de la carne de caballo detectada en productos de venta en supermercados en algunos países europeos.

El escándalo comenzó en el Reino Unido a principios de este mes cuando se descubrió ADN equino en hamburguesas que supuestamente eran de ternera y de ahí saltó a la salsa boloñesa de algunas lasañas precocinadas y a los ravioli de carne, salpicando a prestigiosas marcas de alimentos de Europa como las archiconocidas Findús o Buitoni (del grupo Nestlé).

Estos productos no representan un peligro para la salud humana pero contienen carne de caballo sin que ello figure en el envase. "No es un problema de salud pública sino una vulneración de las buenas prácticas del comercio", explica Felipe Gómez, gerente de la Federación Aragonesa de Cooperativas Agroalimentarias (FACA). "El fraude se produce porque este tipo de carne no figura en el etiquetado".

Según Felipe Gómez, gracias a los controles tan estrictos que se realizan hoy en día a los alimentos, "el problema ha salido a la luz, pero no todos los problemas se detectan a la primera porque es imposible".

Una de las razones que explican lo sucedido es la guerra de precios en la que se encuentran sumidas las empresas del sector alimentario. "Actualmente se está viendo cómo todos los productores bajan los costes al mínimo porque parece tener más importancia el precio que la calidad", dice el gerente de FACA que alerta de los riesgos que esto conlleva. "La calidad no es algo que se supone, es una cosa que se ejercita todos los días, que se debe vigilar todos los días y se debe sancionar cuando se incumple".

Una de las medidas que la Unión Europea ha anunciado que tomará para evitar que esto vuelva a suceder, es imponer obligaciones a las etiquetas de los platos preparados. Se trataría de extender a este tipo de alimentos algunas de las reglas que ya existen para la venta de carne, con el objetivo de que se pueda seguir el rastro y conocer dónde se crió el animal, dónde se sacrificó y dónde se produjo la transformación.

La importancia del control veterinario

Es lo que se conoce como la trazabilidad de un alimento. "La trazabilidad es saber dónde y cómo se produce un producto que está en la mesa del consumidor --detalla Gómez--. De otra manera, si yo comiera carne y me intoxicara, no sabría si echarle la culpa al supermercado, a la empresa que ha preparado la carne en bandejas, al matadero o al productor del ganado".

Para que todo esto se cumpla es fundamental la labor que desarrollan los veterinarios. Luis Javier Yus, gerente del Colegio de Veterinarios de Zaragoza, asegura que el de la carne de caballo es "un fraude que se ha descubierto gracias a los controles realizados por los servicios veterinarios oficiales". Estos controles se llevan a cabo desde que el animal nace hasta que su carne llega a las estanterías del supermercado.

"Cualquier carne de caballo que entra en la cadena alimentaria ha de cumplir los mismos requisitos de trazabilidad que los de cualquier otra especie y los mismos de seguridad alimentaria", explica Luis Javier Yus. Esto quiere decir que si la carne está en una hamburguesa o una lasaña congelada es porque es apta para el consumo humano. Otra cosa es que la empresa fabricante del producto no lo incluya en la etiqueta del envase, en la que según establece la ley deben figurar "todos los ingredientes que lleva el producto, ni más ni menos", apunta Felipe Gómez, gerente de FACA.

Aun con todo, Luis Javier Yus recuerda que "el sistema de trazabilidad de la carne de caballo da muchas garantías y se rige por una normativa europea y un real decreto a nivel nacional". En ellos se específica, entre otras cosas, que el animal debe estar siempre correctamente identificado. Cuando un animal nace se le identifica con un documento de identidad, una especia de pasaporte que servirá a los veterinarios a lo largo de toda la cadena productiva para saber si esa carne es o no apta para el consumo.

Según el gerente del Colegio de Veterinarios, "cuando se detecta un problema en un producto, se debe retirar inmediatamente de la cadena alimentaria y se deben establecer sanciones que pueden ser económicas o penales cuando existe un delito contra la salud pública".

Visita: www.faca.es // www.veterinarioszaragoza.org

 

 

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