Destino final

 

Juliana Elena Barcea, 3º ESO IES Juan de Lanuza (Borja)

Rondaban los años noventa, yo tenía quince años recién cumplidos y uno de mis regalos fue mudarnos a esa casa. Al principio me encantó porque aunque era vieja, estaba en muy buen estado y era muy grande. Pero desde el principio sentí que esa casa escondía algo oscuro. Durante el día, me pasaba el rato en el jardín por el simple motivo de que me sentía incómoda e inquieta en mi habitación.

Una noche mis padres salieron y me quedé sola en la casa; para que se me pasara el tiempo más rápido, me eché a dormir. Al rato me desperté sobresaltada, miré el reloj y eran las tres de la madrugada. La oscuridad inundaba todo, un silencio sepulcral reinaba en la casa. Salí al jardín por un simple impulso. Estaba descalza. Comprendí que mis padres no habían llegado aún. Una densa niebla humedecía mis piernas, un mar de sudor frío bañaba mi cuerpo, y un escalofrío recorría mi espalda una y otra vez. De entre la niebla, salió una extraña niña vestida de blanco de pies a cabeza. Tenía una bonita cabellera rubia y llevaba un precioso vestidito. Se llamaba Melisa. Me dijo que algo horrible iba a pasar esa noche. Me asusté bastante porque en los alrededores no había gente, la casa estaba en medio de un denso bosque. Quería preguntarle cosas, pero se fue corriendo y la vi desaparecer entre la maleza. Muy asustada entré en casa. Decidí darme una ducha bien caliente para relajarme, pero estaba cada vez más tensa. Al salir del baño, me metí en la cama, pero por más que lo intentaba, no podía dormir. Allá a las cinco y media de la madrugada, oí pasos, unos extraños pasos por el pasillo. Empecé a temblar. Estos cesaron y me tranquilicé. Poco después, sonó el teléfono. Pensando que podían ser mis padres, fui a cogerlo. Al ponerlo al lado del oído, escuché un extraño gemido y una vocecilla conocida me dijo: "Quédate ahí, justo donde estás, acabaré con ellos y luego iré a por ti". Muy asustada corrí al salón. Al bajar las escaleras, noté que todas las ventanas y puertas estaban abiertas. Al llegar, vi a mis padres tumbados en el suelo. Sus cuerpos yacían inmóviles, sin vida... Al salir al jardín, vi que estaba lleno de lápidas y no tenía ni idea de dónde habían salido. El miedo se apoderó de mí. Miré las lápidas y había muchos nombres que no conocía. Pero las tres últimas de la primera fila, las conocía perfectamente. La primera era la de mi madre. En la segunda, podía leer con claridad el nombre de mi padre. Entre lágrimas y sollozos pasé a ver la última... ¡Era la mía! Muchos pensamientos inundaron mi cabeza, pero una vocecilla los interrumpió:
--Qué triste, Tatiana... No puedes evitar tu destino; siento decirte que tus padres volvían a casa, pero en un accidente perdieron la vida. Todos los que vienen aquí sufren algo terrible; no lo pueden evitar. Antes esto era un cementerio y después de que construyeran la casa, pasaron sucesos horribles: suicidios, asesinatos, muertes inexplicables... Ahora te toca a ti.

En ese instante me giré. La que me hablaba era una Melisa muy distinta a la primera vez que la vi. Su bonita cabellera se había convertido en un pegote lleno de sangre, su vestidito estaba roto y manchado también de sangre, su cara estaba desfigurada.
--Yo morí en el año 1965, cuando vine a vivir aquí con mi familia. Me caí por un precipicio detrás de este bosque.

Tatiana murió al momento. Una lápida nueva se alza en el lugar. La casa sigue en pie, y todos los que van a vivir allí nunca regresan. El cementerio se hace cada vez más extenso.

 

 

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