Un amor que no mate

 

Yaiza Aznar, 3º ESO IES Juan de Lanuza de Borja

El amor. Es lo que tiene. Te ciega y te impide ver la realidad. No es juzgable. A todos nos ha pasado alguna vez. De todas formas, eres joven, inocente, y con unas ganas inmensas de comerte el mundo. Lo conoces a él y piensas que ya no hay nada más, nadie más... El primer paso es conocerlo; el segundo, conseguir una amistad; y el tercero y más importante, enamorarte.

Piensas que las cosas van a seguir así para siempre. Que la boda va a ser algo increíble y que, aunque no puedas tener descendencia, vas a tenerlo siempre ahí, contigo.

No pido que me traiga el desayuno a la cama, no pido que me envíe mensajes todas los días recordándome todo lo que me quiere, solo quiero que me bese, me abrace, y que, sobre todo, no me pegue.

La hora de la siesta se convertía en una excusa para poder hacerle el amor. Lo deseaba. Me encantaban sus besos y sus caricias por mi torso. La verdad es que lo echo de menos. Pasé de quererlo, de amarlo, a tenerle asco. No hay nada que peor me sepa que decir esta palabra. No quiero admitir la realidad. Pero así es. Amarga y triste. Muy triste.

Ya no hay hora de la siesta. Ahora solo hay soledad y malas caras cuando llega a casa. Tengo todo listo. Su camisa planchada, su cena hecha, y mi ira retenida.

Él se limita a mirarme. No como antes. Ya no hay deseo, ya no hay aprecio. Ya no hay... amor.

Mi prima se está cansando de mis quejas y de mis lágrimas. La verdad es que mis suegros también lo están notando. Ya han tenido bastantes problemas. Pobres.

Es jueves. Ya tengo todo listo. Vuelvo a imaginarme a esos niños que no he podido tener. Me consuela pensar en ellos. Aunque sé que ellos jamás se acordarán de mí.

Hoy he notado una gran preocupación en la cara de mi marido, cuando me he encarado contra él. Me ha pegado. No le culpo. Supongo que ahora que sabe que conozco a su amante y al hijo que no ha podido tener conmigo, es normal que me haya pegado. Soy una bocazas. No le tenía que haber dicho nada. Pobre.

Todo lo bueno que tenía se ha esfumado. Y cada vez son más las cartas que me encuentro de su "otra familia". Me siento sucia. Engañada. Pero no le culpo. Pobre. Hoy me ha dado por pensar. Quiero irme. No tengo amigas. No tengo amor. Solo tengo una vida digna de odiar. La mires como la mires. No puedo más. Me dirijo al baño. Observo el maletín de herramientas que había usado mi marido para arreglar el lavabo. Pastillas. Genial, era justo lo que buscaba.

Lo veo todo blanco. Veo a mamá y a papá. Que irónico. Habladme, por favor. Mamá, por favor, dime que me quieres.

Veo que se van. ¿Ya está? ¿No podéis quedaros más?

Tengo sueño. Más de lo normal. Supongo que por dormirme un ratito no me va a pasar nada. Yo también necesito descansar...

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón