Las crecidas del Ebro

 

las fuertes lluvias de las últimas semanas han hecho que el caudal del río aumente inundando campos y municipios

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

El Ebro está que se sale. Las lluvias registradas la semana pasada han hecho que el río más caudaloso de la península siga creciendo, y que el agua inunde algunos de los municipios y campos situados en sus orillas. Las riadas son un fenómeno habitual en Aragón ya que la cuenca del Ebro es una de las más amplias. En su margen izquierda, abarca los ríos del Pirineo, y en la derecha, los que nacen en el Sistema Ibérico. En los ríos pirenaicos se producen más precipitaciones y como en las partes altas hace mucho frío, el agua queda almacenada en forma de nieve.

César Ferrer, jefe de Hidrología de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), explica que "las riadas del Ebro se producen por las precipitaciones que tienen lugar en las cabeceras de los ríos pirenaicos y el agua que se filtra a través del suelo, que va a parar a los a los acuíferos subterráneos y a los barrancos". Debido a las lluvias, el caudal del Ebro aumenta dando lugar a las temidas crecidas.

Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el mes de marzo del 2013 ha sido el más lluvioso de todos los meses de marzo de los últimos 70 años. "Toda esta lluvia va a parar al río, que crece y se desborda en algunos puntos", apunta César Ferrer. En Zaragoza, las avenidas extraordinarias se producen con un caudal superior a los 2.000 metros cúbicos por segundo. Por debajo de esta cantidad se considera una avenida ordinaria, que son las que generan menos peligro.

Cuando se produce una avenida, el río crece hasta llegar a un máximo y luego empieza a bajar. Esta altura se conoce como punta de la avenida, "el nivel máximo que se alcanza en un fenómeno de crecida". Según el hidrólogo, gracias a las modernas herramientas de predicción que existen hoy en día, es posible "prever cuál será el nivel máximo que alcanzará el río y a qué hora pasará por un punto determinado".

El debate sobre la limpieza del río

Los más afectados por las crecidas del Ebro son los agricultores, los ganaderos y los vecinos que habitan en los pueblos de la ribera del río. La Plataforma de Afectados por las Riadas agrupa a todos estos sectores. Su portavoz, Antonio Manero, apunta a la "dejadez y al abandono del río en cuanto a su limpieza" como causa principal de las crecidas que se vienen produciendo en los últimos meses.

A mediados del siglo pasado, los municipios de la ribera contaban con numerosas empresas dedicadas a la extracción de grava del Ebro para la construcción de casas y carreteras. Hoy en día estas empresas han desaparecido. "Desde hace 30 años los cauces no se han limpiado, lo que ha provocado que en algunos puntos la altura del lecho del río haya aumentado hasta en dos metros y que existan islas de más de 15 hectáreas (150.000 metros cuadrados) de tierra dentro del río", afirman los afectados.

Cuando se produce una crecida importante, los campos de las orillas se inundan. Si las plantas pasan varios días debajo del agua se asfixian y las cosechas se pierden. Los vecinos de las localidades también se ven afectados por el agua que entra en sus casas y negocios estropeando muebles y electrodomésticos.

Para la plataforma de afectados la solución pasa por "limpiar el río en determinadas zonas que son las que más peligro generan para los campos y las poblaciones", y "desbrozar las riberas de los matorrales que encajonan al río y hacen que el agua se estanque".

A esta medida se oponen los ecologistas, que creen que la limpieza a mano del río no es la medida más eficaz para acabar con las inundaciones. Desde Ecologistas en Acción aseguran que es precisamente la ausencia de riadas la que hace que el río esté cada vez más sucio. "La riada limpia el río y ayuda a que esté sano, a que no tenga ni algas ni sedimentos ni vegetación dentro", explica Paco Iturbe. "No obstante, estas son cada vez menos frecuentes porque el caudal del Ebro es uno de los más regulados por embalses", añade. Tampoco la extracción de grava del río (o dragado) es una opción adecuada desde el punto de vista medioambiental. "Es como arrancar la piel del río, ya que se eliminan las algas e invertebrados que viven en su lecho. La ley dicta que el dragado debería ser utilizado sólo en casos extremos".

Las soluciones de los ecologistas pasan por dejar que el río se autorregule de forma natural. "Una manera más eficaz y barata de evitar las riadas sería, por ejemplo, recuperar los bosques de ribera que han desaparecido. Los sotos hacen de esponjas ante una crecida y quitan velocidad a la corriente". Otra solución es "no invadir el cauce del río", que se compone de su anchura habitual y de las llanuras de inundación, zonas por las que no pasa agua pero que se inundan en caso de crecida. "En lugar de respetar estas zonas, en algunos casos se han construido infraestructuras y urbanizaciones", señala Iturbe, que subraya que "muchas veces se le echa la culpa al río de algo que es consecuencia de una mala planificación de los humanos". "El 95% de los problemas que ocasionan las riadas podría evitarse si se tuvieran en cuenta las llanuras de inundación", concluye.

Visita:
www.chebro.es
www.aemet.es
www.ecologistasenaccion.org

 

 

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