La pista del coltán

 

Marta Gallego Pérez, 4º B IES Grande Covián

Odiaba aquella sensación. Por detrás de sus grandes gafas de sol observaba, como si de una hiena se tratase, todos sus movimientos, mientras tomaba un café en la terraza abarrotado de un bar céntrico. La adrenalina y el morbo por saber más contrarrestaba esa punzada de remordimiento que anidaba en lo más hondo de su ser.

Lo perseguía con la mirada ávida, mientras recordaba su relación junto a él iniciada varios veranos atrás. Pero ya hacía ciento treinta y nueve días desde que él le pidió que se fuera de su casa. No la aguantaba más. Desde entonces, su vida se resumía en una continua vigilia; amor decía ella, locura, le dijo él.

El hombre caminaba con grandes zancadas a lo largo de la tranquila avenida y miraba con impaciencia el reloj de pulsera. Ella, sonreía ampliamente. Siempre has detestado esperar; no sé por qué te merece tanto la pena, se decía para sí misma.

Su impaciencia se atenuó entrando a la tienda de niños por excelencia. Ella lo conocía a la perfección. Seguro que compras caramelos, pero ten cuidado con el azúcar, no son buenos los excesos, comentaba como si estuviera charlando con él amigablemente.

Al salir con los dulces, el chico divisó entre la multitud a su amor verdadero. Aquella muchacha llegaba corriendo hacia él. Se percibía por el color de sus mejillas que llegaba tarde. Tenía una mirada clara y risueña, y él se olvidó de su impuntualidad, besándola con ternura. Desde una cafetería cercana, ambos oyeron cómo una taza se rompía en pedazos contra el suelo. La joven, puso en la mano del chico un CD, que a juzgar por su rubor, se deducía que era un regalo.

Ella es la otra, ella es la otra. Él es mío, bufaba mientras doblaba la esquina de una calle.

Cuando cae la noche, él vuelve a casa, pero advierte que el pestillo de la puerta no está puesto, algo que lo desconcierta. La abre y ella está de pie junto al quicio de la puerta. "Se me olvidó devolverte las llaves", sisea con frialdad.

Al irse, la puerta queda entreabierta.

Y en el suelo, una sola bala atraviesa su cabeza.

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón