Perseus

 

Carolina Orrite Muñoz, El Pilar Maristas

Perseus era un cazador de momentos. De atardeceres y de noches de luna llena. De estrellas fugaces y gotas de lluvia. De sonrisas con hoyuelos y de ojos pecosos. De instantes banales y declaraciones trascendentes.

Los congelaba en su mirada aguamarina, arremolinando las imágenes que quedaban atrapadas en su iris de hielo. A veces se dejaban ver en sus miradas efímeras, intentando escapar de sus ojos inmortales, agonizando en las profundidades del acantilado donde un día marchitó mi inocencia. Y una noche, oscura y salada, descubrió el instante. Fugaz, luminoso y después estentóreo. Un rayo. Un rayo que dividió su vista y se paralizó. La lluvia quedó suspendida, el cielo detenido y el sonido ahogado. Y entonces supo que había subestimado la fuerza de aquel instante. Porque bramaba tanto poder que no permitió que quedara retenido en la cárcel del tiempo. Sino que arrastró al cazador de momentos hasta lo más alto, el cielo. Y fue él el atrapado entre las estrellas.

Las noches oscuras, con sabor a luna nueva, se pueden observar sus ojos azules titilando en la gran cúpula. En la constelación que lleva su nombre, Perseus.

(Cuando intenta escapar de la bóveda, caen sobre la Tierra miles de jirones de cielo).

 

 

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