Bosque de Lucía

 

Elena Barrachina (SES Bujaraloz)

Lucía es una niña gallega que vive en un caserío del norte al lado de un hermoso bosque, su bosque. A Lucía le encanta pasear por su bosque siempre que el tiempo se lo permite porque normalmente llueve mucho sobre todo en invierno y primavera, y disfruta escuchando el sonido de los pájaros u observando a los animales que corretean entre los árboles. En el bosque se le pasa el tiempo volando y siempre su madre tiene que llamarle para que vuelva a la casa porque se le hace tarde. Este año ha llovido muy poco durante el invierno y la primavera y el bosque está muy seco. También está muy sucio por culpa de los excursionistas que dejan mucha basura tirada. Lucía escucha a sus padres quejarse del peligro de incendio que tiene el bosque si comienza el calor y no llueve, porque está muy seco y sucio, con muchos vidrios.

Una noche del mes de julio, cuando Lucía dormía, le despertaron muchas voces que venían de fuera de la casa. Cuando abrió los ojos por la ventana entraba una fuerte luz amarilla. No podía creer lo que estaba viendo. El bosque ardía, su bosque. Bajó corriendo. Sus padres no estaban en la casa. Salió fuera y vio que todos los vecinos intentaban apagar las llamas como podían. Unos llevaban cubos con agua, otros golpeaban las llamas con ramas pero todo era inútil. El fuego era demasiado grande. Al rato, se oyeron las sirenas de los camiones de bomberos. La noche fue muy larga y dura. Nadie durmió.

Al amanecer, la imagen era desoladora. Tan apenas quedaba bosque. Casi todos los árboles estaban quemados y todavía se podía oír el crujido de algunas ramas que parecía que se quejasen. No se oían animales ni se veían pájaros, por lo que a Lucía le entraron ganas de llorar. No reconocía su bosque. Pasados unos días, todos los vecinos se reunieron para intentar recuperar el bosque. Primero entre todos quitarían toda la madera quemada y plantarían nuevos árboles en el lugar de los quemados. Decidieron también crear grupos de limpieza para evitar la acumulación de basura y pondrían carteles junto a contenedores para concienciar a los excursionistas del peligro que supone el no cuidar el entorno

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Lucía seguía muy triste y sus padres le explicaron que, aunque tardaría muchos años, el bosque volvería a ser hermoso.

 

 

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