La Naturaleza

 

Isabel Ferrer (Colegio Romareda)

Aquella mañana fuimos a la playa, como todos los días. Había nubes, pero hacía mucho calor, así que Rosa y yo decidimos ir a dar un paseo en la lancha de Darío. Eran las 11 de la mañana, cuando todos nos montamos, su padre nos advirtió: "No os vayáis lejos porque el mar está revuelto y podéis tener problemas".

Pasamos la mañana entretenidos y ya decidimos volver porque nos habíamos adentrado mucho y cada vez estaba el día más cerrado. Cuando quisimos darnos cuenta, comenzó a llover muy lentamente, cada vez corríamos más intentando salir pero aquella lluvia pronto se convirtió en una gran tormenta.

El cielo se confundía con el color del mar cada vez más negro y sombrío, el mar tiraba con fuerza de la lancha hacia dentro, era como si un imán nos impidiese salir hacia la orilla, las olas rompían fuertemente contra nosotros que estábamos empapados y muertos de frío, no podíamos luchar contra aquella inmensa fuerza, era como si el mar se hubiese enfadado con nosotros por desafiarle.

Por fin, en medio de tanta oscuridad, vimos a lo lejos brillar una lucecita, era un barco pesquero que también intentaba volver al puerto, como pudimos, nos hicimos ver y pronto estuvieron a nuestro lado para remolcarnos. Ya, por fin, con su ayuda y experiencia, nos vimos a salvo de nuevo en la playa.

Todo esto me enseñó que para disfrutar de la naturaleza hay que documentarse primero porque, además de bonito, la naturaleza puede resultar traicionera e incluso, a veces, peligrosa.

 

 

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