Carpe diem

 

Paula Hernández, El Pilar Maristas

Cada mañana al despertarme, me asomo a la ventana. Las hojas de los árboles caen lentamente tumbándose sobre los jardines humedecidos por el rocío del amanecer. Unos días el sol se alza a lo lejos e ilumina las calles, otros, se esconde tras las nubes y pequeñas gotas de agua se precipitan hacia el final de su corta existencia. Su corta existencia, demasiado corta... Y me paro a pensar, en lo rápido que pasan los días, los meses, los años... Los niños dejan de ser niños y poco a poco todos vamos envejeciendo. Cada día unos dejan este mundo y otros llegan a él. Y la vida sigue, aunque a veces cueste creerlo.

Pensamos sólo en el futuro, olvidando vivir en el presente. Tendemos a caer en la rutina, dejando a un lado nuevas experiencias, nuevas oportunidades, esos trenes que solo paran en tu estación una vez, sólo una vez. Pensamos demasiado, convirtiendo lo simple en complicado, dando importancia a lo que realmente no la tiene. Prometemos demasiado a sabiendas de no poder cumplir, damos falsas esperanzas, nos proponemos retos inalcanzables... Pensemos por una vez de forma simple y con el corazón. Dejemos de prometer con palabras y cumplamos con hechos, regalemos una sonrisa cada día, subamos a los trenes con la maleta llena de ilusiones, vivamos cada día como si fuera el último, disfrutemos de la gente que nos rodea, que nos quiere y nos aprecia cogiendo lo mejor de cada uno y aportando un poco de felicidad a sus vidas. Escribamos poco a poco las páginas de nuestra historia con capítulos de final abierto y experiencias irrepetibles. Porque vida solo hay una, ahora, tú decides cómo quieres vivirla.

 

 

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