Los poderosos

 

Yaiza Aznar, 3º ESO IES Juan de Lanuza (Borja)

Si te acercas un poco puedes percibir su estancia en la sociedad. Sólo hace falta un pequeño impulso para poder ver a través de esos cartones sucios y rotos tras los que se esconde aquel desgraciado, víctima de la pobreza, del frío, del hambre, del desprecio y de la tristeza...

Hace tiempo que perdió el orgullo, la dignidad, y que, con la cara sucia, marcada, pero aún así descubierta, pide algo de bondad, de caridad.

Hace cinco años que está en el paro. Ya ni lo intenta. Sencillamente lo ve una pérdida de tiempo, ya que todos los puestos de trabajo están repartidos entre la gente pudiente. Creo que a él no le importa estar así. Ya no. Lo que le molesta es ser un estorbo social, un parásito para el país, aunque pensar que no es el único que está así, le sube un poco la moral.

Se dirige hacia la puerta del supermercado, puesto que es allí donde está su mujer. No, no se equivoquen, su mujer no está comprando. Está sentada en la puerta a la espera de un bocadillo, de una caja de leche o de cincuenta simples céntimos.

"Los poderosos" les han quitado el trabajo, les han quitado la casa, y lo peor de todo... les han quitado la custodia de su niña. La desgracia se ceba en ellos constantemente, y las noches son eternas e interminables- A ellos no les importa, y parece que a nosotros tampoco...

Menos mal que no he tenido oportunidad de ver a ninguno de ellos en persona. La verdad es que no sé cómo hubiera reaccionado. Cada vez que los veo por la tele me repugnan más. Sí. Van muy elegantes con los trajes que pagamos entre todos. Y muestran tener mucho estilo, desplazándose en BMW y en Mercedes en vez de en un simple Dacia o Seat. Pero lo mejor de todo es que eso no importa; como lo hacen ellos, es correcto.

Hoy me he asombrado bastante, cuando lo he visto. Un simple diputado. Cuando ha terminado su discurso, su exposición ante nosotros, el iluso pueblo que tienen a su disposición, ha sonreído. Él no es tonto, al igual que ninguno de sus compañeros. Pero parece que se lo hace, que se lo hacen... Sabe que nos hace daño. Sabe que la ley que ha expuesto va totalmente en contra de nuestros principios. A él, igual que a todos los demás, le da igual.

Nos conformamos con muy poco. En cierto modo, estamos obedeciéndoles, estamos de acuerdo con ellos. ¿Por qué? ¿Acaso queremos que disfruten de nuestra ignorancia? Sí, señor, lo estamos consiguiendo. Y ellos sonríen.

Hoy es cinco de enero. Y mi opinión sobre la actualidad es cada vez peor. Esta noche, los cartones no han podido evitar la muerte de aquel hijo de la calle. La vida tampoco ha podido permanecer en el cuerpo de aquel diputado que hizo que me sorprendiera. Ahora estoy totalmente llena de ira, porque no entiendo nada.

En el entierro de aquel pobre hombre, cuya vida había sido normal hasta que "los poderosos" le quitaron todo, sólo estaba su mujer, presa del pánico y de la tristeza que conllevaba el estar sola. Sin dinero, sin hogar, y ahora también sin marido. En cambio, en el funeral de este "poderoso", uno de los que había hecho que miles de personas se quedaran sin hogar, sin trabajo, sin derechos, había más de mil personas. Algunas lloraban, otras simplemente recapacitaban sobre la decisión que habían tomado al acudir a ese acto; muchas de ellas se dieron cuenta de que no fue la correcta.

Aquí lo tienen, la persona que menos se lo merece se ha ido acompañada por miles de presencias, quizá no del todo sinceras. Y otra persona, como tú o como yo, ha sido víctima una vez más del desprecio social, y de la cruel e injusta soledad...

 

 

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