Hallando las respuestas

 

Yaiza Aznar, 3º ESO IES Juan de Lanuza de Borja

Hoy es un día gris, lo percibo. Salimos del médico y se pone a llover, a mi mamá le pasa algo... También tiene el rostro mojado. Le pregunto qué le pasa, pero no me contesta. Vamos casi corriendo, estoy a punto de caerme, mis piernas son muy cortas y mi mamá me lleva de la mano muy rápido. Insisto. Me mira y veo sus ojos en un baño de lágrimas. Me dice que me tendré que ir por unos días a un lugar extraño. Pero mami, ¿Por qué me tengo que ir? ¿Por qué lloras, qué te pasa?... No entiendo nada. Miles de preguntas le hice y todas ellas sin respuesta, solo una: "Mañana nos vamos".

No he dormido nada bien. A las ocho de la mañana ha venido mi mamá a despertarme, me ha vestido y me ha hecho la maleta con casi toda mi ropa. Me he tomado el desayuno y hemos ido a la escuela. ¿Por qué lleva mi ropa? Hemos llegado al edificio del colegio. Mi mamá ha entrado a hablar con la señorita y yo me he quedado solo en el vestíbulo. Después de media hora, mi madre ha salido y me ha dicho que vaya a despedirme de mis amigos, que nos teníamos que marchar.

Desde el vestíbulo he cruzado todo el pasillo en dirección a la última puerta, mi clase, la de los búhos, la mejor de todo parvulario. Me he despedido de todos mis amigos y hasta de mis enemigos. No sé cuándo volveré. Subo al coche y nos encaminamos, mi madre y yo, hacia ese lugar extraño.

Llevábamos ya media hora de viaje cuando mi madre aparca en el aparcamiento de un edificio muy muy grande, con muchas ventanas y un patio donde había gente vestida toda de la misma manera. Estoy aprendiendo a leer, y he visto escrito en el edificio: hos-pi-tal. Entramos en él, y un señor nos dice que tenemos que subir al tercer piso, habitación 305. ¡Ya hemos llegado! Paredes blancas, una cama con sábanas también blancas y unas máquinas. Eso es todo. Acaba de entrar una señorita de bata blanca y me dice que tengo que ponerme un pijama, el mismo que el de las personas del jardín.

Una vez vestido, la señorita me hace tumbarme en la cama y me dice que tengo que estar tranquilo y en reposo. ¿Por qué? ¡Si no he hecho nada malo! Después entra mi madre. Estoy un poco asustado. Esta vez me tiene que contestar: Mamá, ¿qué pasa? Se queda unos segundos mirándome con los ojos a punto de llorar y sin decir nada. ¿Estoy malito y por eso tengo que estar aquí, para que me curen, verdad?

Esta noche tampoco he podido dormir. Por la mañana la señorita de bata blanca me trae el desayuno. Detrás viene un médico que me va a clavar agujas y a enchufarme a la máquina que tengo detrás de la cama. Cada hora me cambian unas bolsas que cuelgan de una percha. Ahora hay líquido rojo, ahora amarillo... ¿Qué serán?

¡Ésta es mi primera semana en el hos-pi-tal y cada vez estoy peor, me cuesta moverme, no tengo hambre, me estoy poniendo blanco y me aburro mucho! ¡Quiero estar con mis amigos! Cada mañana, al despertar, veo en mi almohada blanca una hilera de pelos. ¿Qué me está pasando? ¡Cada vez tengo menos pelo! Mi madre sigue sin responder a mis preguntas. ¿Por qué siempre lloras? ¿Cuándo nos iremos?

Hace ya un año que estoy aquí y no mejoro. Hoy he conseguido que mi mamá me diga qué me pasa. ¿Leucemia? Qué palabra más rara... Le he pedido a la señorita de bata blanca que me explique qué es porque yo no lo entiendo. Ella me ha contado que mi sangre no está bien y que el líquido de las bolsas de la percha es mi medicina. ¿Y cuándo voy a estar bien? ¿Cuándo voy a poder irme a casa? Tengo que esperar a que una persona determinada vaya al hospital, le den un pinchazo en la espalda y le saquen mi medicina. ¿Las medicinas se sacan de la espalda? Qué extraño...

Llevo meses esperando a esa persona y no aparece. Sigo en el hos-pi-tal sin poder ir al colegio ¡Quiero irme de aquí! ¡Mi mamá cada día llora más!

 

 

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