Lampedusa: la frontera de Europa

 

la tragedia sucedida en la isla italiana ha encendido el debate sobre la inmigración en el continente

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Tras la tragedia ocurrida en Lampedusa, donde una patera con más de 500 inmigrantes se incendió causando la muerte y desaparición de 350 de ellos, se ha reactivado en Europa el debate sobre la inmigración. El de Lampedusa es solo un ejemplo de una realidad mucho más amplia y compleja. Por ejemplo, el pasado 9 de octubre, una menor kosovar de 15 años de etnia gitana fue expulsada junto a su familia de Francia en plena salida escolar, lo que recuerda a las polémicas expulsiones de sin papeles a la puerta de las escuelas que tuvieron lugar durante el mandato del anterior presidente francés, Nicolas Sarkozy.

Distintos perfiles

Desde las organizaciones zaragozanas que prestan atención y apoyo a las personas inmigrantes, recuerdan que los perfiles de las personas que emigran son diferentes, aunque el motivo por el cual dejan atrás sus países es parecido. "Lo que mueve a una persona a abandonar el lugar del que es originaria es la falta de futuro, la falta de esperanza y las expectativas de poder construir una vida en otro lugar. Esto se puede aplicar tanto a un pescador senegalés que se ha quedado sin pesca porque los arrastreros europeos están esquilmando los recursos naturales de la zona, como a un licenciado español que no encuentra trabajo de lo suyo y tiene que ir a buscarlo a otro país", explica Elena Giner, de la Red de Apoyo a Sin Papeles de Zaragoza.

Loli Ortega es responsable de Inmigración de Cruz Roja Zaragoza, otra entidad de referencia en la asesoría y el apoyo a personas inmigrantes. Ella apunta que lo que lleva a las personas a emigrar de su país es la mejora de su calidad de vida. "Muchos son jóvenes, algunos tienen trabajo en sus lugares de origen o aspiran a darles una vida mejor a sus hijos". Para Loli Ortega, muchas de estas personas tienen falsas expectativas y cuando llegan aquí se encuentran con una realidad distinta a la que imaginaban.

Sin papeles, sin derechos

La cosa empeora cuando al haber dejado sus países de origen, se suma que las personas llegan a su destino sin la documentación necesaria. La portavoz de Cruz Roja Zaragoza explica que "sin papeles, estas personas no pueden optar a un contrato de trabajo porque carecen del permiso necesario. Por tanto, trabajan sin contrato como mano de obra barata, muchas veces con salarios que no llegan ni de lejos al mínimo establecido, y se arriesgan a ser expulsados",.

Además, agrega que conseguir los permisos se convierte en una "carrera de obstáculos". Estas personas sin papeles -"no por una cuestión de dejadez, sino porque es muy difícil conseguir un visado", dice Elena Giner-, se encuentran también sin acceso a unas mínimas condiciones de vida y sin derecho a recibir algo tan básico como la atención sanitaria. Así ha sucedido este año con un inmigrante de origen senegalés fallecido de tuberculosis en Mallorca al que se le negó atención por motivos legales. Según la portavoz de la Red de Apoyo a Sin Papeles de Zaragoza, estas personas se encuentran además en una "situación de desarraigo" y sometidas a "un fuerte control policial" que hace que tengan miedo de salir a la calle para evitar ser detenidos y expulsados. "Hay posibilidades de ingreso en los Centros de Internamiento para Extranjeros en los que las personas pueden pasar hasta 60 días sin haber cometido ningún delito, simplemente por la falta administrativa de no llevar documentación", apunta Giner.

También sufren y se enfrentan a muchas dificultades las personas que vienen con un visado y tienen la posibilidad de obtener un permiso de residencia. En estos casos, a las dificultades de salir adelante en un país diferente se suma ahora la crisis económica. Según la portavoz de Cruz Roja, Loli Ortega, "lo que más nos econtramos últimamente en nuestro programa de atención son personas que llevan ya tiempo en España, que han conseguido trabajar y tener incluso la nacionalidad, y quieren regresar a sus países".

Emigrar, un derecho humano

Otro de los problemas que enfrentan los inmigrantes es la incomprensión de la sociedad. Además, se produce una clara violación de los Derechos Humanos, como por ejemplo del artículo 13, que enuncia que "toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado" y "tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país".

Pero ¿por qué estas personas no pueden circular y vivir libremente en el lugar que escojan? Básicamente porque las leyes de los países no lo permiten. Las fronteras son una forma de controlar la demografía de un país y de diferenciarlo de otros países que no tienen las mismas leyes, pero también son una forma de cerrarlo. Elena Giner asegura que cualquier límite que se quiera poner para frenar los movimientos migratorios no es eficaz. Por eso, desde la Red de Apoyo a Sin Papeles de Zaragoza defienden lo que se denomina el Derecho a la Inmovilidad. "Al igual que existe un derecho a la movilidad, que es el que tiene cualquier persona para elegir libremente dónde vivir, el derecho a la Inmovilidad se refiere al derecho de cualquier persona a quedarse en su lugar de origen", explica. Para poder decidir, es necesario garantizar la autonomía de los países y la posibilidad de desarrollar una vida en el lugar de origen.

Estas medidas "de las que todos somos responsables " según Giner, pasan por "terminar con el expolio de recursos" de los países en vías de desarrollo y "garantizar el consumo" en zonas del mundo donde carecen, entre otras cosas, de agua y alimentos. Para Loli Ortega, de Cruz Roja Zaragoza, las medidas que podrían tomarse para solucionar el problema de la inmigración y frenar las muertes de quienes arriesgan su vida por un futuro mejor, empiezan por "el trabajo en origen". Esto significa que hay que sensibilizar a los habitantes de los países africanos y latinoamericanos sobre las dificultades que tienen los inmigrantes para ganarse la vida en el continente europeo. Lo que, según dice, "es difícil, porque cuando un inmigrante que regresa a su país de origen lo cuenta, las personas piensan que está mintiendo". Otra medida sería "flexibilizar en momentos determinados la acogida de los inmigrantes que llegan en situación irregular, adecuar la ley para que las personas que llegan puedan conseguir un trabajo sin necesidad de tener papeles, de la misma manera que ha sucedido en otras ocasiones", dice Loli Ortega. Por último, destaca que la inmigración no es un problema que atañe a un solo país sino que requiere "una respuesta coordinada" desde las altas instancias europeas, que tienen que ver la inmigración "como un problema global".

Por el momento, en Europa cada país cuenta con su propia política migratoria. Bruselas ha anunciado que pondrá en marcha una operación de "seguridad y salvamento" para evitar la entrada de inmigrantes por mar, pero no se plantea una revisión de la política comunitaria. Elena Giner cree que este tipo de soluciones no va a funcionar. "El endurecimiento en el control de las fronteras y de las leyes migratorias no lleva a disminuir el número de muertos, sino que genera rutas migratorias más difíciles, largas y peligrosas, que incluso hacen que aumente el número de muertes", subraya.

Visita:
Red de apoyo a sin papeles Aragón
www.cruzroja.es

 

 

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