Un regalo muy especial

 

María Santolaria Mur, 2º ESO IES Sierra de Guara

Estaba el lobo paseando por el bosque un día cualquiera cuando oyó unos sollozos provenientes de la casa de la abuelita. Decidió acercarse a ver que pasaba, y vio, a través de la ventana, a la anciana sentada en su mecedora llorando. Preocupado, llamó a la puerta, y escuchó como una débil voz le decía que pasara, que estaba abierto. El animal, con un poco de miedo a la reacción de la mujer al verle, se acercó a ella y le preguntó que pasaba. Ella se asustó un poco al principio, pero, al ver que el lobo no era peligroso, le contó que estaba angustiada ya que en dos días era el décimo-octavo cumpleaños de su nieta y no sabía qué comprarle. También le dijo que ese cumpleaños era muy especial, ya que la niña pasaría a ser mayor de edad, y por tanto debía hacerle un buen regalo. El lobo, pensando en cómo ayudar a la abuelita, le ofreció dar un paseo, ya que caminando se le ocurrían las mejores ideas. La mujer aceptó y juntos salieron de la casa. Paseando y charlando sobre esto y aquello, llegaron a un lugar alejado de la vivienda, donde se encontraron una sorpresa inesperada. En medio del camino había una gran caja de cartón, con un dibujo de un extraño artefacto, y una rara inscripción: "lavavajillas bosch". La sorprendida pareja se acercó con precaución, y tras asegurarse de que el paquete no era peligroso, decidieron llevarlo a casa de la abuelita para averiguar qué era. Cuando llegaron y la abrieron se encontraron un aparato de color grisáceo y tamaño mediano. Después de mirarlo de cerca descubrieron que tenía una especie de puerta, y al abrirla se encontraron con dos baldas del mismo color que el artefacto, hechas de un material ligero, y con muchos agujeros de distintas formas. Siguieron investigando y encontraron un cable en la parte de atrás, acabado en un cuadrado negro y dos pequeñas barras de metal, al igual que varios botones en la parte de arriba. Ninguno de los dos sabía que era, así que después de un rato llegaron a la conclusión de que debía ser una moderna cómoda para guardar objetos. También pensaron que ese sería el mejor regalo para Caperucita, ya que seguramente no tendría nada parecido. Y tenían razón, dos días después Caperucita dio una gran fiesta, donde estaban todos sus amigos: Blancanieves, los siete enanitos, Ariel, Peter Pan, Campanilla, los tres cerditos...la casa de la chica estaba repleta de gente riendo, comiendo aperitivos, charlando... Fue el mejor cumpleaños celebrado por Caperucita, que durante toda la fiesta no paró de presumir del fantástico regalo que le había hecho su abuelita. Desde ese día, ella fue muy feliz con su extraño cajonero, y la abuelita y el lobo se hicieron grandes amigos.
 

 

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