La primera vez que fui a mi pueblo

 

María Hernando, 2° ESO La Salle Montemolín

Yo tenía nueve años, cuando mi tío reformó la casa del pueblo de mi abuela materna. Ese mismo verano, a finales de julio, mi madre decidió que iríamos a ver la casa y a pasar una temporada de verano. Durante el viaje estaba intrigada por cómo sería aquel lugar, qué clase de gente me encontraría... Al llegar, me encontré con un pueblo muy pequeño, con casas viejas y bastante buenas vistas, pero lo que más me sorprendió fue el frío que hacía. Era verano y todo el mundo iba con sudaderas.

La casa era muy grande y estaba muy bien acondicionada. El primer día los pasamos deshaciendo las maletas y ordenando cosas. Por la noche, antes de dormir, pensé que esos días me iba a aburrir mucho, que casi no iba a salir de casa, que iba a ser horrible. En ese momento no sabía lo equivocada que estaba. El segundo día por la mañana fui a dar una vuelta con mi tío y mi abuela para conocer el pueblo y por el camino, un grupo de chicas de una año menos me invitó a ir con ellas. Esa misma tarde vinieron a mi casa a buscarme y me presentaron a gente más mayor que yo. La gente era muy maja pero no había gente de mi edad con la que compaginara del todo. Sinceramente, la primera semana fue un poco aburrida.

La semana siguiente era la primera semana de agosto y el pueblo se empezó a llenar de geste. Esos días conocí a un montón de gente estupenda. Aunque lo mejor de todo vino el 13 de agosto, empezaron las fiestas, nunca había estado en las fiestas de un pueblo, pero desde entonces no me he perdido ningunas.

Gracias a eso, ahora tengo un montón de amigos allí y conozco a mucha gente majísima de toda España.

 

 

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