La primavera

 

Marta Sofía Ruiz (La Salle Montemolín)

Luz y color, vida y alegría me representan. Las flores y el canto de los dulces pájaros anuncian mi retorno. Todo es felicidad y luz a mi alrededor. Modifico el entorno frío, devastador y cruel que me precede. Paz y tranquilidad giran en torno a mí. Me deslizo como una caricia, un rayo de sol que ilumina lo oscuro y que vuelve a dar vida a lo marchito.

Ellos me ven como un ser superficial, superfluo... Soy mucho más de lo que aparento ser. Formo parte de ese ciclo de continua renovación. Nacer, morir... Yo represento la vida. El nuevo comienzo, el renacer. Soy una gran explosión de colores que inunda el frío y el terror de calor y de esperanza.

Mi tiempo es el tiempo de los enamorados. Cuántas parejas he contemplado grabando sus nombres en un árbol, sellando un vínculo eterno. Cuántos jóvenes cogidos de la mano y paseando entre los jardines. Cuántas las flores, que yo origino, han servido para arrancarle una sonrisa a un ser querido.

Sin embargo no todos son ventajas. He de admitir que mi llegada perjudica a unos pocos seres humanos. Alergias. Muchos me odian por ello. Se amargan en los días soleados y en aquellos en los que florecen muchísimas flores, porque para ellos supone un infierno. Es mi otra cara, la cara triste, molesta. Soy cambiante, me cuesta mucho adaptarme a un lugar. A veces además de flores o tranquilidad, también origino lluvias y truenos. He de admitir que es gratificante ver el pequeño caos que se puede crear.

Mis iguales creen que soy un inútil. Un ser tierno, delicado, bobo... No poseo el pesimismo de uno, ni el egocentrismo de otro. Puede que tampoco sea la favorita de los humanos. Pero desde luego, no soy un ser vacío y simple.

La primavera la sangre altera. La verdad es que no sé si poseo esa capacidad. Otra de las frases curiosas que poseen los humanos es: Para gusto los colores. Creo que esa sería la mejor para definirnos. Somos distintos aunque compartimos algunas cosas en común. Cada uno tiene una personalidad y una marca propia. No vamos a ser contemplados de la misma manera. Aunque a veces me cueste reconocerlo, es verdad que soy un ser frágil y delicada.

Un placer conocerlos. Les ha hablado la indómita y alegre, Primavera.

 

 

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