La vieja lavadora

 

Yolanda Romance, 2º ESO IES Sierra de Guara

Era una mañana fresca de verano. Los rayos de sol apenas se dejaban ver, el bosque estaba en calma y solo se oía trinar algún que otro pájaro.

El abuelo de Marian era cazador y ella había ido muchas veces con él al bosque en busca de jabalíes.

La escopeta del abuelo se llamaba Marian en honor a su nieta preferida, aunque nunca se la dejó tocar, por miedo a que se hiriera o hiriese a alguien.

Últimamente el abuelito de Marian no salía mucho a cazar.

El invierno había sido muy lluvioso y frío y sus huesos se habían resentido. Pasaba muchas horas sentado a la puerta de la casa mirando el bosque.

La madre de Marian decía:

--Padre, entre ya a cenar que el frescor de la noche hará mal a sus huesos. Dejaré en el porche esta vieja lavadora hasta que la recoja el chatarrero.

--Yo puedo arreglártela como otras veces. --decía el abuelo mientras se incorporaba de la silla.

--No diga tonterías, padre, usted ya está viejo para estos menesteres.-- Contestaba la madre de Marian mientras arrastraba la vieja lavadora.

--Yo no opino igual hija.-- se lamentaba el abuelo mientras se iba a casa a cenar.

Aquel anciano contemplaba el bosque hasta que el último rayo de sol dejara de iluminarlo. Amaba la Naturaleza.

A la mañana siguiente la madre de Marian despertó al abuelo.

--Padre, un lobo se ha comido nuestras gallinas. Menudo banquete se ha dado en el corral.

El abuelo cogió su escopeta dispuesto a ir al bosque para dar caza del lobo.

--No vaya usted padre. Se lo diré a los vecinos a ver qué podemos hacer.

Pero el abuelo de Marian no hizo caso y se fue al bosque a capturar al lobo.

Las horas del día iban transcurriendo y la preocupación de Marian y su madre iba aumentando conforme veían que el abuelo no regresaba.

Cuando la noche se echó encima vieron a lo lejos la figura de un hombre. Era el abuelo cargando sobre sus hombros el lobo muerto.

Marian y su madre corrieron a su encuentro y lo abrazaron.

Caminaron hacia el porche de la casa y la madre de Marian con los ojos enrasados de lágrimas le dijo al abuelo:

--Padre usted no esta viejo. Entraré de nuevo la lavadora en casa y sabrá arreglármela como lo hizo siempre.

El abuelo sonrió y se quedó junto a su nieta contemplando el bello bosque bajo un cielo lleno de estrellas.

 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón