Cambiar el Norte para colaborar con el Sur

 

En Aragón existen numerosas organizaciones que trabajan en la cooperación al desarrollo, una actividad que engloba desde el envío de ayuda en emergencias como la de Filipinas hasta proyectos en otros países en desarrollo, pasando por la educación en valores

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Hoy 10 de diciembre, se celebra el Día Mundial de los Derechos Humanos, una jornada que conmemora la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1948. Uno de los instrumentos creados para asegurar la justicia y la igualdad de derechos y oportunidades en el mundo es la Cooperación al Desarrollo a través de los gobiernos o de las ONG. Lo hemos visto hace poco en Filipinas, donde el tifón Yolanda, la tormenta más fuerte que ha golpeado nunca el país, ha dejado alrededor de 10.000 muertos y cerca de 14 millones de personas afectadas.

El envío de ayuda humanitaria ante situaciones de emergencia es uno de los trabajos de la cooperación al desarrollo. "Las primeras horas son fundamentales para salvar vidas y garantizar la protección de los niños", explica Ángela Peromarta, coordinadora de Unicef en Aragón, una de las primeras organizaciones en acudir al rescate de los afectados ya que algunos de sus equipos se encontraban en el país antes de que sucediera la tragedia.

Tras evaluar la situación y distribuir los primeros artículos básicos de emergencia, "existe una especial preocupación por el impacto en la salud de los habitantes, ya que el tifón ha producido daños en los sistemas de agua y saneamiento que pueden fomentar la propagación de enfermedades como el cólera o la diarrea. Los niños también necesitan espacios seguros y protegidos para poder jugar y volver a estudiar, mientras los adultos trabajan para recuperar sus hogares y sus medios de subsistencia".

Según Peromarta, "la ayuda de emergencia es la parte más visible de la cooperación, en especial en emergencias con mucho impacto en medios de comunicación". Sin embargo, las ONG luchan en muchos países contra la pobreza y la exclusión para evitar precisamente que se produzcan estas situaciones. "Una población más preparada y con más capacidades es menos vulnerable ante una emergencia", dice la portavoz de Unicef.

La construcción de carreteras, hospitales y escuelas, la formación de profesionales o la mejora de servicios de agua y saneamiento son algunos de los ámbitos en los que trabajan las ONG de la cooperación al desarrollo en los países con menos recursos. Por otra parte y desde hace unos años, estas también se ocupan de sensibilizar a los habitantes de los países más ricos para que vean las consecuencias que sus hábitos y comportamientos tienen en otras partes del mundo.

Transformar el Norte para cooperar con el Sur es el lema del Hermanamiento León-Zaragoza, una asociación aragonesa que involucra a diversas entidades aragonesas en proyectos de desarrollo que se llevan a cabo en esta ciudad de Nicaragua. María Rubio es una de las responsables de la entidad que comenzó su andadura hace 20 años, y define el hermanamiento como "un vínculo, un lazo que une dos ciudades, y dentro de ellas, a cualquier entidad con intereses similares, como centros educativos, bibliotecas públicas, universidades, asociaciones vecinales, etc."

Según Rubio, además de trabajar como cualquier ONG, el protagonismo en un hermanamiento lo tienen los ciudadanos, incluso los más jóvenes. Un ejemplo son las actividades que realizan. "Cada año, entre febrero y junio, el hermanamiento organiza un curso de formación para personas voluntarias de todas las edades. Desde hace más de 12, cada verano un grupo de personas voluntarias de Zaragoza viaja a León para colaborar en los proyectos en los que trabajamos", explica la técnico.

La educación que cambia el mundo

Viajar a otros países para conocer de cerca su realidad y sus habitantes es una buena forma de hacerse más sensible ante las injusticias, además de una experiencia muy enriquecedora. Pero también es posible vivir la cooperación sin salir de Aragón o moverse del pupitre. En eso consiste el trabajo del Área de Educación para el Desarrollo de la Federación Aragonesa de Solidaridad (FAS). Su coordinador, Quique Cabezudo, explica que uno de sus objetivos es "promover en los jóvenes aquellos valores, habilidades y actitudes que van a contribuir en su desarrollo como ciudadanos y ciudadanas reflexivos y críticos con capacidad para transformar la sociedad en la que vivimos".

Si el mundo pide a los jóvenes que sean más activos, existen muchas formas de colaborar. Una de ellas son el turismo solidario o los campos de trabajo; otras, las campañas de sensibilización o movilización en el aula. Algunas ONG organizan también talleres, exposiciones, juegos, cursos, charlas o acciones en el aula "con las que que se genera un proceso de reflexión y cambio de actitudes", apunta el técnico de la FAS. "Este tipo de educación pretende construir una nueva sociedad y nuevas formas de relacionarnos. No tiene sentido trabajar en los países empobrecidos si no incidimos en nuestra sociedad, que es la responsable en buena parte de que los países más pobres estén como están".

 

 

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