La hora del té

 

Laura Campo, 2º ESO IES Sierra de Guara

Había una vez una abuelita que vivía en la ciudad. Tenía un amigo que solía visitarla todos los domingos. Solían tomar el té los dos juntos, y charlaban durante toda la tarde, ya que ni la abuelita ni su compañero tenían mucho que hacer. ¿A que no adivináis quién era su amigo? ¡Un lobo! Si, si, pero tranquilos, no penséis mal. El lobo no era malo. Al contrario que otros, este era muy bueno y le caía bien a toda la ciudad. Todos le saludaban por la calle: "¡Hola Pepe! ¿Que tal el día?"; le decían los vecinos de su barrio cuando salía a pasear todas las mañanas.

Era domingo y, como siempre, la abuelita estaba esperando la llegada de su queridísimo amigo. Normalmente solía llegar a su casa sobre las 5 y siempre era muy puntual. Pero ese día, contra todo pronóstico, se retrasó. Eran las 5 y media de la tarde y el lobo Pepe aún no había aparecido por casa de Pepa (la abuela).

Ella pensó que tendría otro plan mejor, así que recogió las tazas y se sentó en el sofá muy triste. De repente, a las 6 se oyó el timbre de la puerta. Pepa pensó que sería el cartero, o algún niño impertinente. Contestó al telefonillo diciendo: "¿Quién es?" Una voz familiar le contestó: "Soy yo". ¡Era Pepe! La abuelita se puso muy contenta al verle, y el lobo le explicó que se había entretenido en la pastelería comprando unas galletas para comérselas los dos juntos. Pepa sirvió el té y Pepe las galletas. ¡Estuvieron hasta las 9 de la noche hablando! Finalmente, la abuelita puso el lavaplatos con las tacitas de té y despidió al lobo, que se fue muy contento a su casa.



 

 

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