El sueño del despertar de la Bestia

 

Luis Orús Calvet, 3º ESO IES Ramón J. Sender (Fraga)

Me desperté tiritando porque el sueño había sido muy real.

Cada año, en el pueblo, unos jóvenes eran seleccionados para mandarlos a la bestia. Y este año nos había tocado a nosotros.

La estábamos esperando. Encerrados, no teníamos escapatoria posible. Estábamos comentando los destinos de víctimas anteriores de la bestia, cuando la sentimos por primera vez. Sabíamos que estaba ahí. Fue un leve crujido del suelo lo que la delató. Estaba detrás de nosotros, pero nadie tuvo agallas para darse la vuelta.

Se desplazó hasta ponerse ante nosotros. Recuerdo que me miraba con unos ojos pequeños, como de víbora. Era una mirada fría, vítrea. También sonreía maliciosamente, enseñando unos dientecillos algo afilados. Yo estaba completamente aterrado.

Miraba a mis compañeros. Estaban como yo. Había caras blancas de pánico, recuerdo que alguien estuvo a punto de desmayarse.

Nos contemplaba como un depredador a su presa. Yo estaba temblando, sudoroso, paralizado de miedo. No podía huir, sabía que eso sería peor. A fin de cuentas, era mi destino y debía afrontarlo. Recuerdo cómo se acercaba, despacio, haciéndonos sufrir esperando el momento final.

Y entonces me entregaba el examen.

Miré la hora. Eran las siete, así que decidí levantarme y prepararme un buen almuerzo. Necesitaba estar bien despejado y con fuerzas para el examen.

 

 

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