Los adolescentes ven el vaso medio vacío

 

La mayoría de los jóvenes entre 18 y 24 años cree que su situación actual es mala y que no va a mejorar en los próximos años, aunque están dispuestos a tomar medidas para cambiarla

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

¿Estarías dispuesto a emigrar para encontrar trabajo? ¿Vivirás mejor que tus padres cuando crezcas? ¿A qué edad te independizarás y formarás una familia? ¿Estudiar más sirve para encontrar un buen trabajo? Muchos jóvenes españoles miran al futuro con pesimismo. Piensan que su situación actual es mala y que no mejorará en los próximos años. Así lo pone de manifiesto el estudio Crisis y Contrato social. Los jóvenes en la sociedad del futuro, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud e impulsado por la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción (FAD).

La generación de las redes sociales y los teléfonos inteligentes lo tiene crudo, o al menos eso piensan muchos de los 1.000 jóvenes encuestados de entre 18 y 24 años. Jóvenes que se prepararon y formaron pensando que lo mejor de sus vidas estaba por llegar y que se han visto condenados a una situación de precariedad sin poder hacer nada para remediarlo. "Estamos ante la generación joven mejor formada de la historia de nuestro país y el contrato social, ese acuerdo no escrito entre la sociedad adulta y las nuevas generaciones mediante el cual los adultos piden a los jóvenes unos determinados comportamientos a cambio de facilitarles su integración en la sociedad, se ha roto", explica Ignacio Calderón, director general de la FAD.

Antes un chico o una chica se esforzaban, generalmente estudiando, para conseguir un buen trabajo. Eso les permitía acceder a una vivienda y tener hijos, esas cosas que cuestan dinero. Pero ahora los jóvenes que iban a empezar a vivir de forma adulta no pueden hacerlo. "La contrapartida de la sociedad adulta ha desaparecido", asegura Calderón. "La crisis ha roto ese contrato social principalmente por tres factores: el desempleo, el freno a la emancipación y la confusión e inseguridad de los jóvenes".

El estudio de la FAD resume la visión de futuro que tienen los más jóvenes. En primer lugar, la juventud sospecha que habrá un salto entre generaciones, entre la anterior, la de sus padres y la posterior, la de sus hijos, y que la suya se quedara en la cuneta. Además, creen que el Estado del Bienestar desaparecerá progresivamente aunque no se extinguirá por completo, y no tienen ninguna seguridad sobre si llegarán a jubilarse, formar una familia o comprar una casa.

El principal problema: el paro

La crisis económica ha traído consigo una frustración de las expectativas de los adolescentes y una visión fatalista del futuro. Más de la mitad de los jóvenes creen que la situación en la que viven es peor o igual de lo que esperaban y no piensan que esta vaya a mejorar en los próximos años. Las posibilidades de encontrar trabajo se reducen y el paro se convierte en su principal preocupación. Cerca del 70% de los jóvenes encuestados lo señala como el problema más importante. Según el director de la FAD, "la falta de empleo lleva a un callejón sin salida: si no hay trabajo, no hay proyecto personal ni creación de alternativas de futuro y de emancipación. Eso les deja en una situación sin oxígeno y de gran frustración. Ven el futuro de una manera muy oscura y eso es muy dramático.".

Al ver desaparecer sus expectativas es normal que los jóvenes desconfíen y duden de todo. ¿Brotes verdes? El 80% de los adolescentes y jóvenes de este país se muestra convencido de que tendrá que depender económicamente de su familia en los próximos años y casi la mitad estarían dispuestos a trabajar de cualquier cosa y en cualquier sitio, aunque tengan un sueldo bajo: un 84%. "No quiere decir que acepten cualquier cosa, sino que en una situación como esta, aceptan esa posibilidad porque no hay otra", puntualiza Ignacio Calderón.

No obstante, según el director general de la FAD los resultados del informe abren una ventana al optimismo. La principal es que "los jóvenes comprenden perfectamente la situación en la que están, lo que no significa que la acepten, y están dispuestos a hacer muchas cosas a las que no estaban dispuestos hace diez años para remediarlo". ¿Un ejemplo? El 61,7% de los jóvenes se iría al extranjero para trabajar. "Esto es un factor positivo, porque la movilidad geográfica es un elemento importante para encontrar un empleo", afirma el especialista.

La formación, una salida

Además, un 79,2% de los encuestados estaría dispuesto y cita como algo probable tener que ampliar sus estudios. Y es que frente al desempleo, la formación se revaloriza. Un 53,3% opina que la formación sirve para encontrar un puesto de trabajo y un 61% afirma que el principal motivo para continuar los estudios es conseguir un mejor puesto de trabajo.

El director de la FAD señala la disposición a participar en política como otra de las conclusiones positivas del estudio, aunque eso no quiere decir que los jóvenes piensen convertirse en políticos. "No les gusta ni la forma de hacer política tradicional ni los partidos políticos ni el funcionamiento del sistema en general. Ellos se mueven más en movimientos sociales y en redes".

Además, los jóvenes tienen una actitud activa frente a la crisis y plantean soluciones a sus problemas. Las ayudas para encontrar trabajo y los incentivos a las empresas para que contraten a jóvenes son en su opinión las más necesarias, así como dar más ayudas a los estudios, mejorar la calidad de la formación u ofrecer más ayudas para independizarse y comprar o alquilar una vivienda. "Corremos el riesgo de que el joven pierda la confianza en la sociedad adulta porque le ha engañado, porque no le ha dado lo que le prometió a cambio de lo que pidió. La salida de la crisis tiene que ser una cuestión en la que participemos todoss, sobre todo y en especial, los jóvenes", concluye el director general de la fundación española.

 

 

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