No mires debajo de la cama...

 

Sergio Fargues Pereira, 1º ESO IES Ramón J. Sender, Fraga

Cada vez que hay luna llena cierro las ventanas puesto que desde aquella vez, las noches no fueron lo mismo... Estaba cansado, mis padres habían ido a una reunión y me quedé solo en casa. No veía la hora de acostarme. Al final sobre las doce de la noche fue cuando empecé a tener sueño y me fui a la cama.

Me sentía incómodo, no me podía dormir pese al sueño que tenía, una sensación de que me observaban no me dejaba pegar ojo.

Pude observar una sombra en la ventana grande, quieta, me restregué los ojos con los puños y la sombra había desaparecido. Decidí que era mi imaginación y me giré para volverme a dormir. Cuando estaba a punto de caer dormido, escuche pasos, pasos que iban aumentando el volumen cada vez que se acercaban a mí.

Algo se detuvo justo al borde de mi cama, inmóvil, no lo podía ver, estaba acostado de espalda, pero lo sentía, detrás mío, pronto sentí un aire muy frÍo tocando suavemente mi cuello y nuca. Nerviosismo, eso es lo que sentía, inquietud, y sobre todo, miedo, miedo que me invadía cada vez más y más, el terror me absorbía como esponja al agua.

Empecé a escuchar las débiles palabras que me decía aquella persona, débiles, pero pude oírlas.

--No mires debajo de la cama, no mires debajo de la cama.

De pronto escuché los mismos pasos, pero esta vez en dirección apuesta, con sigilo. Durante hora y media me fue imposible conciliar el sueño porque aquellas palabras no paraban de resonar en mi cabeza una y otra vez. "No mires debajo de la cama". Al final me decidí.

Cogí la linterna, la encendí, me destapé hasta la mitad del cuerpo y me dispuse a observar lo que me había estado invadiendo la mente toda la noche. Despacio gire mi cuerpo en un ángulo de 90 grados y miré debajo de la cama.

Ahí aparecieron una persona con la carne de la cara totalmente arrancada a mordiscos. De un ojo no le paraba de caer y caer sangre que se deslizaba por su cuello hasta, en forma de gotera, caer al suelo. Le faltaba una pierna y la boca la tenía deslizada hacia la derecha y abierta, tan abierta que sobrepasaba los límites humanos.

Tragué saliva mirando a esa persona, millones de escalofríos recorrieron mi espalda, estaba petrificado, en ese mismo momento justo cuando me disponía a gritar sentí la respiración de antes, fría, esta vez solo tocaba mi nuca.

Me quede quieto, no me quería mover, quería pensar que no era real, que no estaba ahí, pero todos mis sentidos notaban que estaba ahí.

En ese momento la linterna se me cayó al suelo y, lo peor de todo, se apagó.

Esos instantes se me hicieron infinitos cada segundo parecía una hora, cerré los ojos pensando que era un sueño y que pasaría rápido, pero una parte de mi cuerpo sabía que no era así.

De pronto noté algo frío tocando mi espalda. Era afilado, puesto que el mínimo rozamiento al que estaba sometido ya me hacía sentir como un verdadero corte profundo. Se me erizó todo el pelo del cuerpo la respiración no cesaba, volví a abrir los ojos y vi que la persona de debajo de la cama había desaparecido.

Tenía ganas de mirar ligeramente hacia arriba pero no me atrevía a mover ni un solo milímetro los ojos, y mucho menos la cabeza. Pensé que se había ido, puesto que ya había pasado bastante tiempo, pero la respiración la sentía igual. Cerré los ojos con un miedo de pies a cabeza intenté levantarla, me puso el cuchillo en el cuello y lo último que escuche fue:

--No mires debajo de la cama...

 

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón