Miedo a esos ojos oscuros

 

Malena Sarto, 1º Bto. IES Pablo Gargallo

Cuando me miro en el espejo veo una solo y única cosa: miedo. Miedo a esos ojos oscuros, negros como el carbón, que en sus retinas grabadas tienen todas las atrocidades cometidas. Miedo a esa boca que tiempo atrás emitió tantos dichos de odio e ira como dichos de dolor y súplica. Miedo a los escasos mechones que adornan mi cabeza, los pocos que por fruto de mi desesperación no fueron arrancados. Miedo a esas manos callosas y arrugadas que tantas veces empuñaron un arma teñida de rojo carmesí. Y miedo a esas cicatrices que una y otra vez sarcásticamente se burlan y se ríen de mí recordándome que no hay vuelta atrás para los pecados cometidos.

Mi yo anterior hubiese luchado, se hubiese refugiado en sus amigos y si hubiese hecho falta se habría convertido en un hipócrita si eso le hubiera asegurado el ser feliz. Sin embargo, estoy haciendo todo lo contrario a lo anterior. Seguramente te estarás preguntando el porqué. en resumidas cuentas Roony, he madurado y esta vez no voy a huir.

No debes preocuparte tanto por mí porque nunca estoy solo. Verás, en mi cabeza aún puedo oír perfectamente a Sandy y a Mike. ¿Te acuerdas de ellos? Por lo menos ellos se acuerdan de ti, nunca paran de sollozar tu nombre pidiendo que vengas a salvarlos y me detengas. Me da tanta penar ve lo ingenuos y tontos que fueron al confiar en mí...

En la carta que me escribiste me preguntabas que qué veían cuando me miraba en el espejo de mi celda. Bueno, cuando me miro al espejo veo una sola y única cosa: miedo. Miedo a darme cuenta de que lo que me pasa no es que esté perdiendo la cordura, sino que lo que mi conciencia está reclamando la venganza de la sangre derramada por mis manos.

 

 

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