Diálogo con un sabio

 

María Hernando, 4º ESO La Salle Montemolín

--He oído hablar de que vives sin televisión, ¿y qué haces cuando llegas del trabajo y estás aburrido? --preguntó con curiosidad el joven.
--Es muy sencillo. Cuando me aburro juego a imaginarme historias de todo tipo. Puedo pasarme horas y horas sin darme cuenta. Es fantástico, deberías probarlo.
--¿Para qué quiero hacer yo eso? Si ver la televisión es mucho más fácil; otros piensan por ti las historias y tú te entretienes viéndolas.
--Pero de esa manera las historias no son como tú quieres, pueden no gustarte; no desarrollas tu imaginación y no aprendes nada.
--¿Y si no tienes imaginación?
--En ese caso puedes leer un libro; de esta manera no tiene que inventarte tú la historia, pero sí que puedes imaginártela. Además eso te permitirá aprender un montón, seguro que muchísimo más que viendo esos programas que he oído que salen en la tele últimamente que solo saben criticarse unos a otros y discutir por tonterías.
--Suena bien eso que dices. Además así podré imaginarme cada día una historia distinta, que la televisión se está volviendo un poco repetitiva: sacan un programa y si tiene éxito, al mes tienes tres programas exactamente iguales solo que con diferente nombre. Lo único que no me gusta de tu propuesta es que lleva más trabajo que sentarse en el sofá y mirar una pantalla durante horas.
--¿Y para ti eso es una pega? La mayoría de las cosas que merecen la pena son difíciles, te tienes que esforzar, pero es entonces cuando más te satisface lo que consigues. Mirar una pantalla no tiene ningún mérito; pero ser capaz de imaginarte una historia mientras lees un libro, es interesante y encima suele transmitirte nuevos conocimientos.

 

 

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