Cuando me miro en el espejo

 

Iosune Martín, 1º ESO IES Pablo Gargallo

Cuando miro al espejo veo unos ojos grises, tristes como una borrasca, profundos, tanto que transmiten mil emociones por segundo. Veo una piel blanca, de porcelana, lisa. Una pequeña sonrisa esbozada con unos labios finos y rojos que dice de todo menos alegría. Sobre los ojos caen algunos mechones lisos, no muy largos y rubios. La melena cae sobre los hombros de esa chica que veo frente a mí.

No soy yo, pero hace mis mismos gestos. "¿Es mi reflejo?". No puede ser, mis ojos son marrones, no soy tan pálida ni tampoco rubia. No puede ser. Muevo la mano y ella hace lo mismo. Me muevo hacia un lado y ella lo hace a la vez. Sonrío ante el espejo. Ese reflejo hace lo mismo, pero su sonrisa transmite mucho sufrimiento, como si le doliese sonreír. De repente, del ojo izquierdo del reflejo brota una lágrima. Estupefacta, llevo mi mano hacia mi mejilla izquierda para asegurarme más de lo que estoy de que no estoy llorando. Mis mejillas están secas. El reflejo hace el mismo acto que yo, así que hago como si me limpiara las lágrimas, para que ella lo haga. Al pasar el dedo, noto como este se humedece, como si hubiese quitado una gota de hielo, un hielo que se derrite lentamente por el efecto del sol y del calor.

De pronto, la imagen comienza a llorar sangre, un fluido granate oscuro y denso; sobresaltada intento "limpiarme", pero el reflejo ya no me copia. Por su cuenta pasa el dedo índice por su mejilla quitando una gota, y con ella comienza a escribir en el cristal: AYÚDAME. Frascos y muebles de mi baño comienzan a temblar sin control. Cuando el reflejo acaba de escribir la "E", abre la boca como si fuese a hablar, pero en ese momento el espejo se rompe.

 

 

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