Embestidos por la crisis

 

Aunque la tradición taurina está presente en muchos pueblos de Aragón, el número de corridas de toros que se celebran la comunidad es cada vez menor

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

En Aragón, no hay fiesta popular que se precie que no incluya una sesión de vaquillas amenizada por una charanga, un encierro con reses bravas seguido de un potente almuerzo, o uno de esos Grand Prix entre peñas que tantas anécdotas dejan para la posteridad. Los espectáculos taurinos son toda una tradición en muchas localidades aragonesas, sobre todo de la ribera del Ebro y de la provincia de Teruel. Y aunque la crisis económica ha hecho que se reduzca la cantidad de actos que se celebran, los ayuntamientos los mantienen en sus programas porque, allí donde hay una vaca o un becerro, las plazas y las calles rozan el lleno.

Ahora bien, peor suerte han tenido las corridas de toros. Estos espectáculos mucho más costosos no atraviesan por su mejor momento, e incluso podría decirse que están de capote caído. Según datos de la Comisión de Asuntos Taurinos del Gobierno de Aragón, de las 63 corridas de toros celebradas en el año 2012 en la comunidad autónoma se ha pasado a 54 en el año 2013, un descenso del 15% que además se viene produciendo desde hace más de una década.

Para los responsables de plazas, ganaderos y empresarios del sector, no hay duda de que la crisis económica ha embestido al mundo de los toros. El periodista y crítico taurino Carmelo Moya explica que "en un municipio, unas fiestas patronales sin vacas en la calle son menos fiestas o casi nada. Ir a los toros supone hoy un desembolso cuantioso y por el contrario, los ciudadanos perciben como gratuitas las vaquillas aunque realmente las pagan con sus impuestos".

Además de haber menos corridas de toros, también la gente va menos a ver este tipo de espectáculo. Esto sucede, según el periodista, porque "hoy el público dispone de un dinero ilimitado y lo gasta en carteles verdaderamente atractivos". Y es que no es lo mismo pagar un precio elevado por la entrada de un Madrid-Barça que por ver un partido de Tercera Regional.

El negocio taurino sufre las consecuencias de la crisis, pero no sólo los toreros se han quedado sin faenas. Como en muchos otros sectores, otras personas que dependen de esta actividad ven peligrar sus puestos de trabajo. No hay que olvidar que las corridas de toros engloban desde la cría de las reses hasta su transporte a las plazas, pasando por la confección de los trajes de luces o la elaboración de los carteles de los espectáculos. "Aunque es un término que no se aplica al toreo, la 'industria' mueve 2.500 millones de euros al año. Se trata de un espectáculo al que asisten 40 millones de espectadores cada temporada y que aporta 700 millones al sector turístico", comenta Carmelo Moya.

Por ese motivo, según el periodista, no parece que las corridas de toros vayan a terminarse en los próximos años. "El toreo, que no es deporte ni una habilidad ni una pericia, engancha por su transcendencia entre la vida y la muerte, por el misterio que encierra y por la obra plástica viva que representa".

Y no son pocos los esfuerzos que se realizan para conservar esta tradición tan característica de la cultura hispánica. El pasado mes de noviembre, el Gobierno declaró los toros Patrimonio Cultural Inmaterial de España, el máximo rango de protección jurídica que puede otorgarse, equivalente a los declarados por la Unesco. Según aventura Carmelo Moya, "la Plaza de Toros de La Misericordia de Zaragoza celebra este año su 250 aniversario, más del doble de la antigüedad que el estadio de fútbol más antiguo de España, y aunque no está en su mejor momento, no parece que su derribo este próximo".

La postura antitaurina

No hay duda de que la crisis económica está arrastrando al mundo del toro, como a cualquier otro sector, a una situación difícil. Esta se vuelve aún más complicada por el impacto de las ideas antitaurinas y la prohibición de las corridas de toros en lugares como Cataluña. Durante los últimos años, las protestas en contra del maltrato animal han ido en aumento. Sucede con las corridas de toros y con otros espectáculos de entretenimiento en los que se utilizan animales. El movimiento animalista defiende que, al igual que sucede con los humanos, los animales tienen derecho a su bienestar. Los toros tienen sentimientos y emociones, y por tanto maltratarlos no parece muy ético.

Chesus Ferrer pertenece a Ecologistas en Acción, una de las siete entidades que conforman la Plataforma Zaragoza Antitaurina. Según explica, la crisis del mundo del toro no se debe únicamente a la actual situación económica sino que viene de antes de la crisis. "La crisis como tal ha afectado a muchos sectores de la cultura, pero el descenso de los toros respecto a otras actividades culturales, como el cine, el teatro o la venta de libros, ha sido mayor. De hecho, se pensaba que la prohibición de los toros en Cataluña atraería a un mayor número de aficionados a las plazas de Aragón, y esto no ha sido así".

El ecologista considera que el descenso de las corridas se debe a que "cada vez hay un mayor rechazo hacia este tipo de espectáculos por parte de la población", y que los festejos populares como los encierros se mantengan, a que la sociedad los ve como menos maltrato. "Es un nivel inferior de daño al animal y por eso la gente es menos crítica".

No obstante, según Ferrer, "los jóvenes son cada vez más sensibles al maltrato animal, tienen bastante formación al respecto, y poco a poco se está produciendo un cambio de mentalidad en la sociedad". Por eso se muestra convencido de que los toros desaparecerán "sí o sí" y considera "una auténtica aberración" que un espectáculo en el que se tortura a un animal hasta la muerte obtenga la distinción de Patrimonio Cultural Inmaterial que, entre otras cosas, implica que las corridas de toros no pueden prohibirse.


 

 

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