Sochi bate el récord

 

Rusia celebra los Juegos Olímpicos más caros de la historia con un coste de 50.000 millones de dólares, muy por encima de Londres 2012 y Pekín 2008

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Rusia ha convertido Sochi, el principal balneario a orillas del Mar Negro, en la capital mundial de los deportes de invierno. Cerca de 3.000 deportistas de 85 países diferentes se han dado cita durante dos semanas en esta ciudad al sur del país, para participar en la edición número 22 de los Juegos Olímpicos de invierno y disputarse las 98 medallas de oro en juego en modalidades deportivas como el esquí alpino, el hockey sobre hielo, el bobsleigh, el biatlón o el snowboard.

Pero estas Olimpiadas no serán recordadas precisamente por las hazañas de los deportistas sobre la nieve y el hielo. Sochi 2014 ya batió un récord olímpico antes de empezar: el de los Juegos más caros de la historia. Unos 50.000 millones de dólares le ha costado a Rusia la organización del torneo, cuatro veces más de los 12.000 millones de dólares previstos inicialmente, todo un lujo deportivo en un momento delicado para el resto de la economía mundial.

Comparado con ediciones anteriores, Rusia ha tirado la casa por la ventana. El coste de Sochi 2014 supera ampliamente al de los anteriores Juegos de invierno celebrados en la ciudad canadiense de Vancouver (8.300 millones) y también a los de verano de Pekín 2008, que ascendió a 42.000 millones de dólares, los más caros hasta este momento. Para que os hagáis una idea, lo que Rusia se ha gastado en la organización del hermano pequeño de las Olimpiadas supera el doble del gasto previsto para el Mundial de Brasil 2014 y los Juegos de Río de Janeiro 2016 juntos.

Nuevas infraestructuras

La organización de unos Juegos Olímpicos requiere también de unas infraestructuras olímpicas. Un ejemplo cercano es el de los Juegos de Barcelona 1992. La ciudad condal experimentó entonces una espectacular transformación, sobre a todo a nivel urbanístico. Además de tener que construir nuevas instalaciones deportivas para albergar las pruebas de las distintas modalidades, tuvieron que urbanizarse nuevas zonas de la ciudad, como fue el caso del Puerto o de la Villa Olímpica, el barrio en el vivieron los deportistas internacionales durante el tiempo que duró la competición.

Como no podía ser menos, el país más extenso del mundo por delante de Canadá y Estados Unidos, no se ha quedado corto y ha organizado las Olimpiadas a lo grande. Entre otras cosas, además de los equipamientos deportivos, se han construido más de 300 kilómetros de nuevas carreteras, 55 puentes, 22 túneles, 13 estaciones de tren, cinco escuelas y dos centrales termoeléctricas.

Las olimpiadas "antigay"

Pero estas cifras han quedado en un segundo plano. Sochi ha ocupado estos días las portadas de los periódicos y de los informativos de radio y televisión por motivos extradeportivos. Otra de las cosas por la que serán recordados los juegos de Sochi es por las reivindicaciones del colectivo de gays y lesbianas. Rusia aprobó a finales de enero una ley contra la propaganda homosexual que, entre otras cosas, castiga hasta con penas de cárcel las manifestaciones de amor en público entre personas del mismo sexo y todos aquellos comportamientos que se salgan de las relaciones tradicionales.

Muchos deportistas que participan estos días en los Juegos de Sochi han demostrado su solidaridad con gays y lesbianas. Destaca el caso de Alemania, cuya delegación lució durante su paseillo inaugural un vistoso traje multicolor (ver foto en página 3) similar al de la bandera de este colectivo. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha dedicado grandes esfuerzos a garantizar que en Sochi las minorías no tienen nada que temer. "Quiero asegurar que haremos todo lo posible para que Sochi sea un lugar hospitalario para todos los participantes y todos los invitados", dijo el jefe del Kremlin.

Pero eso no impidió que muchos jefes de estado y mandatarios internacionales, como los presidentes de Estados Unidos y Francia, Barack Obama y François Hollande, se negaran a asistir a la inauguración de los Juegos. Todo ello pese a los intentos del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, por hacer valer la tregua olímpica, vieja tradición griega que fue restaurada en los Juegos de Barcelona 1992 y que establece que todas las partes en conflicto deben deponer sus armas al menos durante el período que duran las competiciones.

Las protestas en todo el mundo por la ley contra la propaganda homosexual en Rusia y los 50.000 millones de dólares que ha costado la organización del torneo han empañado una competición deportiva que cumple ahora 90 años. Contra viento y marea, Rusia ha sacado músculo y los Juegos de Sochi, que se clausuran el próximo domingo, se están celebrando con total normalidad.

Visita:
www.sochi2014.com
www.oliympic.org
www.coe.es

 

 

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