Educación inclusiva: de la experiencia la acción

 

Andrea Corina Maier, alumna de grado de Trabajo Social de la UZ

Trece años tenía cuando, por primera vez, dejé el lugar donde nací. Atrás quedaron los trineos y los juegos de niños, el calor del horno de leña de la casa de mis abuelos, el olor a nieve y mandarinas... Trece años también han pasado desde entonces. ¡Quién iba a pensar que unas vacaciones de verano en España se iban a convertir en el comienzo de una nueva vida!

A decir verdad, el aterrizaje en el nuevo entorno fue forzoso. El instituto poco se parecía al que había dejado en mi país; los profesores también eran distintos y los nuevos compañeros a veces usaban palabras que no salían en el diccionario español-rumano. Hubo que "adaptarse" o al menos seguir vivo. Tan vivo que un día toda esa energía se desbordó y cogió un camino a contracorriente. Así, a los 16 años me fui de casa, dejé el instituto y empecé a trabajar.

Tres años después, una luz se encendió en mi aturdida cabecita y, sin pensarlo mucho, retomé los libros. La FPII me llevó a una experiencia Erasmus que acabó de seducirme y crearme el deseo de seguir estudiando. Así fue como llegué a la Universidad.

Junto con otros cuatro compañeros de la Facultad, de origen inmigrante, realizamos nuestras prácticas en el Carei, concretamente en el Programa de Mediación Intercultural, gracias al Convenio entre esta institución y la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo. Desde aquí vemos, como si fuera desde la otra orilla, cómo chicos y chicas del ámbito educativo y origen extranjero se enfrentan con dificultades de diversa índole pero con algo en común: haber nacido en otro lugar.

Desde nuestra propia experiencia como alumnos inmigrantes en el sistema educativo español y nuestra formación en las Ciencias Sociales, tratamos de participar y colaborar en la resolución de problemas derivados de la interculturalidad y la migración. Queremos ayudar a que familias y profesionales implicados en la educación comprendan mejor el complejo proceso que atraviesan los jóvenes y así apoyar su labor como agentes fundamentales en el empoderamiento de las generaciones futuras.

En conclusión, a lo largo de nuestras prácticas tratamos de fusionar nuestros conocimientos empíricos con las teorías científicas que hemos aprendido en los cuatro años de estudio, con el fin de transmitir los errores las claves para que la educación inclusiva se logre con éxito.

 

 

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