Carta de amor

 

Pilar Sanz de los Arcos, colegio San Alberto Magno

Hace ya exactamente once meses desde lo que yo recuerdo como el día más horrible y doloroso de toda mi vida. Once meses desde aquel día en el que fui a verte a la habitación 214 del hospital (como cada día desde hacía un mes) y tú ya no estabas, o por lo menos, de la forma que yo esperaba. Sabía que pasaba algo al no ver tu sonrisa nada más verme cruzar el umbral de esa habitación, y al verte dormido en vez de estar viendo un partido de fútbol o mirando por la ventana.

Sentí como el suelo se abría bajo mis pies y yo caía como si fuera el muro de Berlín, sin embargo, lo mío no era un momento de alegría y libertad sino todo lo contrario, parecía que caía como si fuera plomo y como si nada ni nadie me pudiera sujetar.

Estuve llorando y sin salir a la calle más de un mes, hasta el momento en el que tu hermano me encontró demasiado asomada en la azotea dispuesta a reunirme contigo... Él me convenció de que tú no hubieras querido eso, pero has de comprender que a día de hoy sigo esperando el momento en el que pueda volver a ver tus ojos brillar, ya sea en otra vida, en el cielo, o en el infierno si hace falta. Me enfadó mucho lo que me hizo, aunque fuese por mi propio bien, porque en vez de dejarme volver a estar juntos, me llevó a un mundo de pastillas, charlas con personas que no conocía y rehabilitación.

No te puedo odiar por abandonarme tan pronto, porque sé que a todo el mundo algún día le llegará también su hora, pero sí que odio al destino por no dejarnos vivir juntos todo lo que queríamos y dejarnos tantas cosas por hacer...

Después de todo lo que ha sucedido, pensar en ti me produce una mezcla de relajación y agobio, y admito que empiezo a olvidar algunas cosas tuyas como, por ejemplo, el calor que me producían tus abrazos y que ahora tanto necesitaría para descongelar mi corazón.

También tu ausencia me ha hecho recordar todos los momentos que durante dos años habíamos vivido juntos, como aquella vez viendo una película acurrucados en el sofá, que me dijiste que no sabrías qué hacer si un día yo te faltara. Pues bien, ahora soy yo la que no te tiene a ti y la que no sabe a dónde ir, a quien hablar, qué decir, qué hacer...

Me he dado cuenta de que nadie debería dar fecha a la muerte, ni siquiera los médicos, porque si te dan fecha para que un ser querido se muera y éste vive durante unos días más, siempre que lo veas tendrás el miedo de que ésa sea la última vez o, por el contrario, como me pasó a mí contigo, éste muere antes de lo previsto, se ha acortado ese poco pero apreciado tiempo que te quedaba con él.

Y aunque la gente diga que estoy viva, te aseguro que estoy más muerta que nunca y que me costará mucho volver a sentirme feliz.

Siempre te querré, Lucas

 

 

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