En el ventanal de mi mente

 

Elena Vela, 4º ESO IES Juan de Lanuza

Me asomo al gran ventanal situado en el lado izquierdo de esta oscura e insegura habitación y me dispongo a mirar, más que a mirar a imaginar, más que a imaginar a recordar; sí, son recuerdos, imágenes en movimiento de aquellos momentos en los que la felicidad deslumbraba sin un porqué, sin una respuesta, porque así es la felicidad: aquello que es sin ser, aquello que sabes sin saber. Me pregunto qué fue de mi felicidad y que quedó de ella.

Y justo entonces me vienen a mi pequeña memoria las tardes que transcurrían en el molino, en Tabuenca, en el pueblo donde pasaba mis mejores veranos. Jugábamos a luchar, en diferentes bandos, con todo nuestro empeño en defender a los nuestros y con una única arma que consistía en un tirachinas y en las pocas piedras que había alrededor del molino; después íbamos andando hasta la fuente del Cerezo para mojarnos unos a otros y lavar las heridas que nos hacíamos con esa tierra roja. Y en eso invertía mis días de verano; te levantabas, desayunabas el rico almuerzo que con tanto cariño te preparaba tu madre, salías a jugar hasta que el sol se hacía insoportable, comías lo más rápido posible, porque a las tres y media te esperaban para ir al arroyadero y, cuando se hacía de noche, volvías al hogar, a tu casa donde siempre me esperaba mi padre, sentado en el sillón; se giraba y me guiñaba el ojo, lo que significaba que me había traído un regalito o que la guerra de cojines acababa de empezar; él empezaba a hacerme cosquillas a abrazarme, a decirme lo guapa que estaba.

Me cae una lágrima. Lágrima sincera, lágrima amarga. Una mano suave, delicada, pequeña se apoya sobre mi hombro, supongo que alguien me ha estado observando. Es una mujer, me explica todo mi pasado, pero en ese pasado no está Tabuenca, ni amigos ni un padre cariñoso, es más, yo había estado viviendo sin padre. Entonces ¿qué había vivido yo?, ¿cuál es mi verdadera vida?, ¿cómo puede cambiar la realidad? La mujer me lleva en coche a un gran edificio con un cartel en cuyas letras grandes y azules se lee: "Centro psiquiátrico para residentes".


 

 

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