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Sara Lupón, SES Bujaraloz

Yo creo que estamos en un mundo en el que a todo le ponemos etiquetas y apenas nos paramos un minuto o más a pensar y analizar las cosas. Todos necesitamos de todos, es decir, se trata a fin de cuentas de una gran cadena. El cocinero necesita al granjero y al agricultor; el camarero, al cocinero, al granjero y al agricultor; el dueño del restaurante, al camarero, al cocinero, al granjero, al agricultor y, como no, a nosotros porque sin clientes no habría negocio.

Nosotros también necesitamos a todos ellos. Y así sucesivamente con la consecuencia de que todos necesitamos de todos y que no hay persona o ser vivo en el mundo que sepa hacer todo sin necesidad de servirse de los demás.

Cada uno aportamos algo a todos, nuestra sabiduría, nuestras costumbres, nuestros conocimientos o hablidades...

A pesar de esto no ponemos ninguna pega a la hora de comprar productos europeos, americanos, africanos, asiáticos o de cualquier parte del mundo. Pero, sin embargo, cuando vienen las personas que han creado esos productos sí les ponemos pegas y les cerramos las puertas por miedo a que nos quiten nuestros derechos, trabajos o cualquier otra cosa de las que disfrutamos aquí.

Por ejemplo, el té verde es típico de Marruecos, pero en nuestro país es bebido por mucha gente. Sin embargo, cuando viene un marroquí a España no es aceptado como lo haríamos con el producto que fabrica (en este caso el té verde) y esto también ocurre en otras ocasiones y es extensible a muchas situaciones, y no sólo en España, ya que en el resto del mundo se sigue la misma inercia.

 

 

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