Entrada a otra vida

 

Marcos Guallar Gracia, 2º ESO IES Itaca de Zaragoza

Soy Pablo y os voy a contar el día en el que mi vida cambió. El 1 del 1 del 2001 fue el día en el que nací. Y el 12 del 12 del 2012 fui con el colegio al Museo de Zaragoza. ¿Casualidad? No lo sé. La verdad es que siempre me preguntaba ¿para qué ir a museos? Son aburridos, los cuadros son horribles y de la mayoría no entiendo para qué los pintan. Y aún así hay gente que se ha ganado la vida en esto de pintar. Por ejemplo: Van Gogh que pintaba girasoles... ¡Pero si hasta yo pinto florecillas! Como Dalí con sus relojes, o incluso Picasso pintando figuras geométricas a lo loco. Pero con lo que más flipé fue con los guías. Todo el rato hablando y hablando. Obviamente nadie se enteraba de nada, incluso creo que hasta algún profesor bostezaba. Además, los guías no te dejaban ni moverte, ¡ni moverte! No podías tocar casi nada, bueno, en realidad (exceptuando el suelo) nada. No te dejaban pasar a una sala delante de ellos, y cuando veías una sala chulísima decían que estaba prohibido. Pero fue entonces cuando me paré delante de un cuadro. Miré a mis compañeros y no se movían. Estaban como paralizados o algo por el estilo. Por un momento me encontré solo en el mundo. Miré alrededor, yme di cuenta de que no era solo yo el que se podía mover. Vi cómo los personajes que había pintados en los cuadros estaban revoloteando. Pero solo me fijé en un cuadro, que se me ha grabado en mi memoria para toda la vida. Vi su nombre: La Virgen del Pilar. La verdad es que no sabía que había un cuadro en su honor. El pintor ponía que se llamaba Goya. Hombre, yo he oído hablar de Parque Goya, Avenida Francisco de Goya... ¡Por algo tenía que ser famoso! Pero en cuanto dije esa frase pasó algo muy extraño. El techo del edificio se derrumbó y se vio un bello cielo. Pero hacía mucho viento, como si estuviera en una nube o algo parecido. Entonces miré tímidamente hacia abajo y vi lo que había... ¡No había nada, era el vacío! Yo pensaba que era el fin pero miré hacia atrás ¡y tenía alas! Pronto me di cuenta de que estaba desnudo y me tapé con mucha vergüenza, pero descubrí que todos los otros ángeles estaban en la misma situación que yo. Estábamos dando vueltas sobre una silueta similar a la Virgen del Pilar con su hijo. Esta brillaba con gran esplendor delante de todos nosotros. De repente, admiré la belleza del cuadro cuando todos los ángeles nos pusimos al lado suyo. Su expresión de felicidad y lo hermosa que era nos llenó de alegría a todos los presentes. Justo cuando era la mejor parte, su beso acariciando mis sonrojadas mejillas, se esbozó una sonrisa de oreja a oreja en mi cara. Era la primera vez que sonreía en aquel día. No duró mucho la alegría porque unos segundos más tarde de que me besara, todo volvió a la normalidad. Salí del cuadro de la misma forma que había entrado, que era sin enterarme. Volví con mi grupo con una sonrisa que completaba mi rostro de felicidad. Tomás, mi mejor amigo, se sorprendió al verme así, y me preguntó por qué estaba tan contento. Yo le contesté mintiéndole y diciéndole que había visto cómo un guía tropezaba al ponerle la zancadilla. Él se echó a reír conmigo, y proseguimos la excursión. Ese día el museo de Zaragoza y Goya me enseñaron lo valioso que era el arte. Hoy es año nuevo, empieza el maravilloso año del 2031, cuando justo hoy cumplo 30 años. ¿Y sabéis dónde trabajo? ¡Soy guía del Museo de Zaragoza!
 

 

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