Caminar de nuevo

 

Ana Blacos Jiménez, 1º ESO IES Ítaca

Estoy de camino a la biblioteca en busca de un libro que tenga algo nuevo que enseñarme. Voy a tardar un rato hasta llegar, ya que ando sobre muletas.

Un libro más, nunca me cansaré de leerlos. Cada uno de ellos esconde una historia diferente, diferentes emociones; resulta increíble cómo unas cuantas hojas pueden cambiar el ánimo, el día e incluso la vida... Me quedaré este, me recuerda a mí por el título: "Caminar de nuevo". ¡Estoy ansiosa por ver de qué va!

"¡Pum!"--el pistoletazo de salida dio comienzo a la competición nacional de hípica en la modalidad de salto.

Celia no había defraudado, había conseguido una primera ronda perfecta e iba en cabeza y prometía ser la ganadora un año más. Antes de empezar la segunda, el tiempo se nubló, esto complicaba la situación, ya que su caballo tenía tendencia a rehusar los saltos, cuando sentía la niebla por delante, porque al no ver el salto con claridad, le entraba pánico.

Así que intentó tranquilizar al equino que ella notaba un tanto nervioso. "Celia Pérez, acuda a pistas, por favor". La tensa espera había terminado. Ella, inmediatamente, se puso el casco, se subió en el caballo mientras le susurraba palabras para tranquilizarlo y comenzó a trotar hasta la entrada del circuito. Presionó las piernas sobre el lomo de Golden y este, sumiso, partió al galope. Todo iba bastante bien, una precisión perfecta en todos y cada uno de los saltos realizados hasta el momento.

Pero algo comenzó a fallar: Celia no había tomado bien la curva para adentrarse en el salto y conforme se dirigían hacia él, los nervios empezaron a apoderarse de ella y de Golden. Fueron unas milésimas de segundo, pero pudo ver y sentir con total claridad cómo el caballo se acercaba al obstáculo ligeramente torcido. Lograron pasarlo, pero al oír el "clac" de la barra al caer contra el suelo, Celia se puso nerviosa, ya que no iba a conseguir la ronda sin penalizaciones.

Esto hizo que el siguiente salto lo tomara peor que el anterior, pues ya solo estaba concentrada en la clasificación final. Las cosas iban de mal en peor: el caballo llevaba una cojera provocada por el impacto sufrido, del cual ella ni siquiera se había percatado. Entraron en el salto. La gente se levantó en las gradas. Todos se temían lo peor.

Llamaron urgentemente a una ambulancia para trasladar a Celia al hospital, donde diagnosticaron que se había roto el fémur, dos costillas y sufría una fuerte contusión en la columna vertebral. Cuando despertó, preguntó por Golden nada más abrir los ojos. Ella, al ver el dolor en los ojos de su padre, se puso en lo peor y él le dio la terrible noticia... Se le paró el corazón.

Tras cinco meses ingresada, por fin salió del hospital. Ella ya no mostraba su habitual sonrisa. Los caballos eran su vida y Golden su universo. Celia no sabía qué hacer para calmar el dolor profundo que sentía.

Estaba tumbada en su sillón, llorando una tarde más. "Nunca más, nunca más, nunca más", se repetía sin cesar. Galopar había sido su vida. Un libro se cayó de la estantería. Movida por un extraño impulso, decidió cogerlo para volver a colocarlo y le extrañó no haberlo visto antes. Un débil recuerdo asomó a su memoria... Unos días antes de la trágica carrera, lo había sacado de la biblioteca al sentirse atraída por el título.

Paré la lectura un momento y esbocé una sonrisa... Celia también sonreía, por fin.

 

 

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