Voluntariado en Bolivia

 

Once estudiante de Lasalle han pasado una estancia de un mes y cinco días en el internado Los Huérfanos ayudando a chavales de 12 a 18 años

Clara Mostalac y Marcos Orcástegui, La Salle Franc

Todo comenzó con un cartel colgado en los pasillos del colegio a principios de marzo de 2012, que convocaba una reunión para alumnos de bachillerato, grado superior y exalumnos, sobre un voluntariado internacional. Tras varias reuniones, quedamos once jóvenes y dos profesores acompañantes. Durante los dos años de preparación, acudíamos mensualmente a reuniones para el proyecto en el extranjero, que conocimos el segundo año: una estancia en Bolivia de un mes y cinco días en el internado Los Huérfanos ayudando en las tareas a chavales entre 12 y 18 años y realizando la pintura y renovación eléctrica de sus dormitorios.

A partir de entonces nuestras reuniones giraron en torno al conocimiento de Bolivia, establecimos las distintas áreas en las que íbamos a trabajar según nuestros perfiles. Otra de las labores clave fue la financiación, ya que el proyecto necesitaba 10.000 euros para su realización, que se consiguieron gracias a las campañas en los distintos colegios La Salle.

El proyecto tuvo lugar en Santa Cruz de la Sierra, una de las ciudades más grandes de Bolivia. Con casi 1.500 kilómetros cuadrados de extensión, Santa Cruz es un hervidero constante de personas que se mueven de un lado a otro para comerciar, trabajar y relacionarse. Mezcla de culturas, etnias y razas, es un claro ejemplo de la plurinacionalidad del país. El orfanato se encuentra a unos minutos de la plaza Principal, por lo que cuenta con agua corriente, electricidad y muchas facilidades. Aquí residen los 74 internos con los que hemos convivido.

El día a día ha sido intenso. Una mañana cualquiera comenzaba a las 7 con un vaso de leche y panecillos, seguido de una brocha y unos alicates. Las tareas quedaban repartidas hasta la hora de la comida y se reanudaban después tras una hora de descanso. Algunos de los componentes del grupo pasaban el día en Plataforma Solidaria, un colegio-comedor para niños situado en el extrarradio. Nuestra principal tarea allí consistió en pintar y decorar la pared del recreo, arreglar las vallas del jardín, y también organizamos talleres de break dance, abalorios y juegos de campamentos. Otra parte de nuestro proyecto era acompañar a los internos en sus estudios y en actividades de tiempo libre.

Si hubiera que llegar a una conclusión sobre lo que esta experiencia nos ha aportado, hablaríamos de "realidad aumentada". A partir del testimonio de tantas personas que luchan de forma cotidiana por sobrevivir, hemos recibido un ejemplo sobre el verdadero significado de la dignidad humana. Como miembros de una cultura occidental, tan "falsamente" globalizada, responsabilidad es la conclusión que debemos alcanzar. Responsabilidad para vivir de forma coherente en un mundo en el que somos pocos los que gozamos de lo deseado. Hemos descubierto la pureza de un lugar casi virgen, donde priman las relaciones personales y se puede vivir con lo básico. Quizás, una vez alcanzada esta reflexión, se puede encontrar el inicio de una acción verdaderamente solidaria.

 

 

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