Un pasado muy presente

 

Alba Martínez Palacín, 2º ESO

Encerrado en mi habitación, poca luz iluminándome, pájaros cantando al atardecer, una pluma y un papel.

Sigo escribiendo estas últimas líneas, que son dedicadas a mi vida, a mis pensamientos, a mi familia, a mis queridos amigos que perdurarán siempre en mi amargo corazón que intuye la muerte.

Muchos son los recuerdos que ahora llegan a mi memoria pero realmente hay algo que cambiaba mi vida y era la necesidad de escribir el mundo que me rodeaba, el hambre de las gentes, la violencia, el sufrimiento y la mirada triste de aquellos pobres niños sin poder ir a la escuela.

En ese entonces todo era necesario en mis obras, sentía una cierta revelación contra los maltratos que vivíamos en esa época.

En cada libro, un dolor, una alegría, un sentimiento, y ahora que se terminan los recuerdos siento que mi alma se desvanece, se va olvidando de la vida, de respirar, de amar, de odiar, incluso de escribir.

Cuando intento escribir una palabra, mis venas no ceden, siento dolor en el corazón, en la mente, no tengo una oportunidad de inspirarme en algo que verdaderamente tenga sentido.

¡Oh! Y cuando paseo por los prados que me traen recuerdos amargos pero a la vez alegres, en esos tiempos ya lejanos pasaba horas escuchando a mi mujer, mirándola, inspirándome en ella, sintiéndola en mi mente hasta el fin de mis días, y ahora que me falta ella, me siento débil.

También recuerdo esos días de resignación por la política, en los que me sentía estúpido ante tanta gente sin sentido, esos recuerdos son realmente desgraciados para mí.

Siento un vacío en el corazón por un gran amigo, un hermano para mí, un todo, Paco. Él me enseñó tantas cosas de la vida que siento que hasta que no me muera va a seguir existiendo en mi alma y en mi mente. Hay veces que sigo pensando que hay un ser, un espíritu que me acompaña en mis amargos días aunque también en los alegres, pero lo que realmente siento es una esperanza de volvernos a encontrar en el mundo del olvido e incluso en el de los sueños.

Cuando me siento solo, aturullado por la vida e incluso angustiado, miro mis recuerdos, fotos en blanco y negro, que me llevan a recapacitar tumbado en el prado bajo un árbol a la sombra, o cuando en días grises me apetece ir al cementerio para recordar vidas pasadas ahora muy cercanas a mí, ya que siento que pronto esas viejas piedras ya gastadas por el tiempo serán mi nuevo hogar, un hogar que me asusta, un hogar olvidado, y toda una vida de emociones bajo tierra siendo olvidadas durante los largos días de la existencia humana.

Y yo que he nacido para la vida de las letras, y las únicas que escribo, las veo distantes a mi mente.

"De vez en cuando me viene un olor de las añoranzas de mi juventud, pero soy viejo y estoy llegando a ese momento en el que todo pierde su sabor, su aroma, dejando que los recuerdos se extingan, pequeñas son mis manos en relación con todo lo que la vida ha querido darme".

Siempre pienso en qué dirán de mí cuando muera, cuál será mi lugar en un futuro, y cómo me recordarán.

"Una de las cosas que pido es que la clase media aumente más que el trabajador de fábrica siga adelante, que el campesino pase a ser un cualificado, que la sociedad vaya mejorando cada día".

Cuando esté en el otro mundo pido que esta carta sea leída en mi supuesto funeral, para transmitir al mundo una última vez mis pensamientos.

Quiero ser recordado como un escritor que a través de sus novelas intentaba transmitir sus sentimientos.

No es en vano un final triste sino una vida olvidada.

 

 

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